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Nuestra experiencia con el pañal (y tips para ayudar a los peques a dejarlo)

LOGO¡Hola, familias!

Costó bastante tiempo que en Villa Felina abandonáramos el pañal del todo, pero hace unos meses que POR FIN somos “100% pañal-free”. Por eso es un tema del que no había hablado hasta ahora, porque quería hacerlo teniendo en cuenta nuestra experiencia al completo y con un poco de perspectiva temporal.

ROSA2Para empezar, debo decir que Minina tuvo control de esfínter muy rápido. No sabría decir cuándo, pero sí puedo aseguraros que desde bastante temprano, solo hacía caca cuando estaba en casa o en algún lugar de confianza, como las casas de sus abuelos o de algunos amigos. De hecho, en su primer año de guardería (empezó con un año), no sé si llegó a hacer allí dos o tres veces. Y durante el segundo, no recuerdo que hiciera.

Lo mismo sucedió con el pis. Desde muy temprano aguantaba horas (o estaba seca o, de repente, estaba empapada). De hecho, en la guardería llegaron a comentarnos que si llegaba a casa con el pañal empapado era porque muchas veces en las tres horas que estaba allí, no hacía pis. Y eso que ellas los comprobaban siempre como mínimo antes del patio y 20-30 minutos antes de que fuéramos les cambiaban el pañal, pero ella casi siempre lo tenía seco.

Sin embargo, en Villa Felina somos de la teoría de que el pañal no se quita, se deja. Y que una cosa es que el cuerpo aguante, y otra es que el niño o la niña esté preparad@. Por eso, decidimos esperarnos a que ella nos dijera que no quería llevar pañal, que fue cuando en su clase muchos niños empezaron a dejarlo. Tenía, entonces, unos dos años y medio. Entonces, decidimos ponernos a ello. Unos días antes, comenzamos a preguntarle en casa si quería hacer pis en el wáter cuando estábamos en casa, cuando íbamos a salir, etc. y le decíamos que cuando tuviera ganas nos avisara.

Pasado ese tiempo, retiramos el pañal durante el día, salvo para la siesta. Como detalle curioso, os diré que fuera de casa apenas tuvo algún escape (sobre todo cuando se emocionaba o estaba muy entretenida con algo), pero dentro de casa fue bastante diferente… no avisaba y la mayoría de las veces se lo hacía encima. Por suerte, con un poco de paciencia, tratándolo con normalidad y explicándoselo con calma, lo “superamos” rápido. Como suele hacerse, al principio sólo retiramos el pañal cuando estaba despierta. En breve, al ver que solía despertarse de la siesta seca, lo quitamos también entonces. Con el pañal de la noche esperamos más, hasta que vimos que llevaba varias noches seguidas despertándose sin haber “sufrido pérdidas”.

El “problema” (nótese que lo pongo entre comillas), en nuestro caso, vino con defecar. No quería hacerlo en el wáter, sino continuar con el pañal. Y aunque una vez se sentó por su cuenta, y al hacer se quedó sorprendida, luego no quiso repetir. Lo hablamos con su maestra de la guardería, que nos comentó que había niños a los que la adaptación les costaba más con las “aguas mayores”, y que era cuestión de tiempo. El tiempo pasó, y con él el verano, las navidades… y en la reunión con su maestra de primaria lo volvimos a comentar, a lo que ella nos respondió lo mismo: mientras no fuera un problema fisiológico (de estreñimiento), era cuestión de tiempo. Nos aconsejó ir intentándolo de vez en cuando, pero sin forzarla, pues podía ser contraproducente e incluso llegar a generarle estreñimiento si le “cogía miedo” a la idea.

Y así seguimos… durante casi un año desde que empezamos la retirada del pañal. Un año de intentonas, sin presionar, en las que ella se negaba. Otras (las menos) en las que llegamos a sentarla en el wáter sólo para ver que lo pasaba mal. Momentos en que decía que tenía ganas fuera de casa, pero prefería aguantarse. Momentos de dudas para nosotros, sobre si estábamos haciendo lo correcto o qué otra cosa podíamos probar… Hasta que un día en clase de natación no pudo aguantar más, se lo pidió a la monitora y salió súper contenta de la clase de piscina porque había hecho caca en el wáter.

Aún así, en casa siguió insistiendo en usar pañal, aunque a la semana siguiente en el cursillo volvió a suceder lo mismo. Sí, no había manera en casa, pero le hacía gracia hacerlo en piscina 🙄 . Hasta que poco después, un día decidió hacerlo en el wáter sola. “porque ya era mayor”. Desde entonces, no ha vuelto a pedir pañal. Porque en efecto, sólo era cuestión de tiempo, y de que ella se sintiera segura.

Sé que es un tema un tanto escatológico, sobre el que las mentes más sensibles puede que hayan dejado de leer hace un rato. Pero quería explicarlo porque, al estar en varios grupos de Facebook de maternidad y crianza, he visto madres que comentaban lo mismo sobre sus hij@s pidiendo ayuda, y muchas otras que contestaban que a sus retoños les había sucedido igual. Y la mayoría daban siempre el mismo consejo: paciencia y esperar a que el/la peque esté preparado, siempre que el problema no sea médico/fisiológico.

ROSAExplicada ya nuestra experiencia personal, ¿cuáles son mis consejos para aquellos que se inicien en el abandono del pañal? Los mismos que nosotros tuvimos en cuenta cuando iniciamos el proceso:

  • Esperar a las señales que os muestren que el retoño está preparad@ y/o interesad@ en abandonarlo: que avise cuando tiene pis, que diga que no quiere el pañal, etc.
  • Hacer una preparación previa:
    • Explicarle unos días antes que ya es mayor y va a dejar el pañal.
    • Leer libros sobre el tema con ellos (aunque a Minina nunca le interesaron).
    • Comenzar a preguntarle si quiere ir al wáter, decirle que avise cuando tenga ganas de hacer pis, etc.
    • Incluso comprar ropa interior que les guste, para hacerlo más interesante y “divertido”.
  • Porque eso es importante, hay que vivirlo como una aventura en la que se celebran los logros, y en la que no se da importancia a “los escapes”.
  • Una vez se inicie el proceso, seguir anticipándonos, en la medida de lo posible, a sus necesidades:
    • Preguntar si tiene pis cuando hace tiempo que no hacen.
    • Ponerlos a hacer pis antes de salir de casa, ir a dormir, etc. pero sin forzarlos.
    • Ser previsores (como poner un empapador cuando vas a ir en coche, llevar mudas siempre encima…).
  • Escoger un orinal o adaptador que les guste. En nuestro caso, de hecho, tuvimos de todo un poco, de modo que ella podía escoger para sentirse cómoda:
    • Un orinal sencillo que LaYaya nos regaló para su primer aniversario. Y es que los hay con luces y colores, pero seguimos el consejo de la guardería de que un wáter no es un juguete, y los de ese estilo pueden distraer / confundir a los niños.
    • Un adaptador para el baño; que a ella le encantó, pero un poco voluminoso para guardarlo porque lo compramos tiempo antes. De haberlo hecho después, hubiéramos buscado una versión plegable, tal vez. Aunque lo cierto es que al ser mullido, a ella le resultaba muy cómodo.
    • A falta de opciones ( XD ) acabamos comprando también otro portátil, del que os hablé aquí.
  • Respetar, respetar, respetar los ritmos del niño, para que el abandono del pañal sea algo natural y no problemático ni traumático.

Y creo que poco más os puedo decir sobre el tema, salvo que espero que la entrada os sea útil a aquellas mamagatas y aquellos papagatos que tengáis peques en fase de dejar el pañal. O si vuestros peques lo han hecho ya, y os apetece, no dudéis en contarme vuestra experiencia en los comentarios.

Un abrazo mamagatuno 🐱

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