A Minina · Mamagataflexiones

Mi poca paciencia… :(

Madre e hija

Últimamente ocurre con bastante frecuencia, hay semanas que más, hay semanas que menos… pero casi cada día acaba apareciendo mi poca paciencia. Me levanto cada día pensando: hoy me voy a controlar más, porque yo soy la adulta, y ella es la niña. No es capaz de controlarse, pero yo debería hacerlo porque es lo mejor para ella, para las dos, porque también es la forma de que vea que todo puede gestionarse desde un enfoque tranquilo…

Pero después empieza el día. Y llega la necesidad de repetir las cosas mil veces. Llega que te enfades por cosas que puedo entender, y por otras con las que no lo logro por mucho que me esfuerce. Llegan las exigencias, las insistencias, las rabietas, tu excesiva calma para hacer, las prisas del mundo en el que vivimos… y tarde o temprano, pierdo la paciencia.

Entonces, en vez de mejorar, la situación empeora. Porque te enfadas aún más si hablo enojada, o porque te asustas al oírme levantar la voz, porque a nadie le gusta que le devuelvan un golpe (aunque yo haya recibido ya unos cuantos, aunque sea por instinto porque me haces daño, aunque sea flojo 😦 ) porque aunque en el cuerpo no lo sientas, todo esto te duele más adentro. Hasta hace poco, sólo podía verlo en tu llanto aún más exagerado, en tu nuevo enfado, en el modo en que te cambiaba la expresión de la cara. Ahora incluso hay veces que lo expresas con palabras: “¡No me hables así, hombre!” “Vale, pero no me hagas eso, que no me gusta.” “No me digas esos, no quiero“. Y aunque no te lo creas, cada vez que sucede, me rompo un poco por dentro.

Es entonces cuando, si está Papagato, entra él en acción para que yo pueda despejarme. Y si no lo está, trato de cambiar el chip lo antes posible. Si lo aceptas, llegan los abrazos, el consuelo para las dos. Si no, toca esperar y seguir aguantando hasta que pase la tormenta, hasta que me pidas tú sola ese contacto que tanta falta te hace (nos hace, en realidad) cuando reconectamos por dentro.

Entonces, cuando te calmas, aparecen mis disculpas y explicaciones: “la mama ha hecho mal, pero…“. Y aunque ese “pero” no me gusta, trato al menos de explicarte por qué he acabado actuando así. No porque te sientas mal ni mucho menos, sino porque quiero que lo entiendas, que no creas que es algo fortuito. Por mi parte, una vez a solas, viene la “racionalización”, la parte intelectual del cerebro que trata de justificarlo para que no me sienta mal: todos tenemos días, yo también tengo un límite, tiene que aprender que todos lo tenemos, que depende de cómo actúes con los demás, pueden actuar ellos contigo… Supongo que es lo que nos decimos todas las madres y padres, cuando hacemos cosas así. Una forma de sobrevivir, de no sentirnos “malas madres” por no tener una paciencia infinita.

Porque aunque puede que no lo creas, lo intento. Cada vez que sucede algo así, me propongo ser más paciente a partir de entonces. Y aunque es algo que no consigo al cien por cien, espero ir mejorando con el paso de tiempo ❤ .

Escrito el 8 de abril de 2019

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