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Por qué mi hija no lleva pendientes

logoheart_thumb3Lo cierto es que pensé en escribir esta entrada hace muchísimo tiempo… en aquella época en que Minina era un bebé y, como no llevaba pendientes, casi todo el mundo nos decía “Oh, qué niño tan bonito” y similares. Cuando contestábamos que era niña, la respuesta solía ser “Como no lleva pendientes…”. Sin embargo, con el tiempo se me olvidó, hasta que hace unos días, estábamos en la piscina y, a pesar de haberla llamado por su nombre unas cuantas veces, la historia se repitió.

Mentiría si dijera que no me chocó un poco, ya que desde que Minina tiene el pelo largo (!) y como cada vez viste más de rosa (!!) porque es un color que le gusta, no nos había vuelto a pasar. Pero también es cierto que no me ofendió, ni mucho menos. Vivimos en un mundo lleno de estereotipos e ideas prefijadas (si no, fijaos en las dos afirmaciones que he marcado con un signo de exclamación) y, aunque cada vez hay más niñas que no llevan pendientes, este tipo de cambios son lentos.

Por todo eso, y tras darle vueltas durante unos días, decidí por fin escribir y explicar por qué en Villa Felina decidimos que Minina no llevaría pendientes. Aunque, cómo no, quiero que quede claro que esta es mi opinión personal, y que entiendo y respeto a las familias que deciden ponérselos. De hecho, en mi entorno más cercano somos los únicos y nunca se me ha ocurrido juzgar o intentar convencer a nuestros amigos de lo contrario. Dicho esto, os expongo mis/nuestros motivos:

A decir verdad, para mí es algo que tenía claro desde siempre. Mis padres no me pusieron pendientes cuando yo era pequeña. Y aunque al final me los puse, hace muchos años que sólo llevo pendientes muy de vez en cuando. Con todo esto, supongo que era “crónica de una muerte anunciada” que, en el caso de tener hijas, yo no querría ponerles pendientes, pero mis motivos van más allá del “a mí no me los pusieron”.

En primer lugar, y para mí el más importante, al decidir algo así, estás decidiendo actuar sobre el cuerpo de una persona sin su consentimiento. Como es algo común en nuestra sociedad, puede parecer una tontería, pero para mí era importante pensar que si le poníamos pendientes estábamos, ni nada más ni nada menos, agujereando su cuerpo sin saber si ella quería o no. Puedo decir que, en cambio, Papagato no lo veía tan importante como yo. ¿Por qué no hacérselos si, a la larga, ella se los haría y quedan bonitos? Sin tener en cuenta la afirmación de si quedan bonitos o no (con la que tampoco acabo de estar de acuerdo), os diré que ante esas opiniones mis respuestas siempre han sido las mismas, con ciertas variaciones en el inicio, tanto cuando hablábamos del tema con Papagato, como cuando lo hemos discutido con otras personas (porque en el mundo hay mucha gente que opina sin que le pregunten):

  1. Entonces si tenemos un hijo, le pondremos un pendiente, porque a mí me gusta.
  2. Pues hagámosle un piercing, porque yo llevo uno y me encantan.
  3. Siguiendo esa lógica, hagámosle un tatuaje, porque seguro que a la larga ella se hará uno.

Estoy convencida de que más de una persona piensa que no es lo mismo… pero si nos basamos en el hecho más simple (hacer algo en el cuerpo de un bebé o niño sin su consentimiento) sí que lo es. La única diferencia en este caso es que en las niñas poner pendientes es “lo normal” y está socialmente aceptado, y los otros casos no lo están. Pero, ¿por qué se nos hace raro ver a un niño de uno o dos años con un pendiente en la oreja, y nos parece normal que las niñas lo lleven?

Este aspecto incluye otro punto que para mí es vital: la capacidad de elección de la niña en cuestión. Suficiente decidimos por ellos en la vida, como para añadir algo a la lista que me parece un tanto sexista, doloroso e innecesario. Pero sin entrar en estos últimos adjetivos, repito que yo tengo agujeros, sí, pero fui yo quien lo decidió. Y la verdad, mi motivo fue bastante mundano: una amiga de mis padres me regaló unos pendientes preciosos; al ver que no tenía agujeros me dijo que podíamos cambiarlos por otros para los que no hicieran falta, pero me gustaron tanto que le dije que no. Puede parecer una tontería, pero para mí fue algo importante que recuerdo con mucho cariño. Por eso siempre he querido que, si algún día tenía hijos, fueran ellos quienes eligieran si ponerse pendientes o hacer cualquier otra cosa con su cuerpo que, al fin y al cabo, para eso es suyo.

Además de esto, para mí hay otro hecho clave: poner pendientes duele. Sé que dicen que no duele tanto, que algunos bebés ni se enteran, que la oreja en ese momento apenas es un poco de piel y que sólo sienten un pinchazo… pero digan lo que digan, hay bebés que lloran cuando se los ponen. Y aunque no lo hagan, son seres pequeños e indefensos que no entienden lo que sucede, que acaban de llegar al mundo y, de repente, algo (un “pequeño pinchazo”) les ocurre en el cuerpo. No saben qué es eso que sienten, su sistema nervioso, además, no está completamente desarrollado, con lo que a veces notan el dolor más tarde… eso sin tener en cuenta que es algo que no pueden identificar. Personalmente, no creo que sea necesario hacerles pasar por eso. Y sí, si decide ponérselos de mayor, le dolerá más y será más consciente, estoy segura, pero habrá sido su decisión y, como dicen, sarna con gusto no pica

A su vez,  en el párrafo anterior, sólo hablo del dolor en el momento de hacerlos, pero creo que también hay que tener en cuenta otros riesgos intrínsecos tales como posibles infecciones o alergias, que salgan heridas, que se le claven o que se los llegue a arrancar de alguna forma. Sé que puede parecer que me estoy yendo al extremo y que, normalmente no pasa, pero ¿y si sucede? Yo me hubiera sentido fatal.

También hay otro motivo, aunque sea secundario: si no decide ponérselos nunca, no tendrá unas marcas que recuerden que sus padres se los pusieron. Porque, señoras y señores, existe la posibilidad de que no quiera llevar pendientes (y para muestra su madre y alguna amiga de ésta 😉 ).

Para terminar, y ahora que empieza a haber tanta conciencia feminista, a mí me parece una forma de “marcar a las niñas” y “diferenciarlas de los niños”. Y es que parece que distinguimos a las mujeres en general y a las niñas en particular por las cosas que “no son de niño” (la ropa rosa, el pelo largo, los vestidos, los juguetes “para niñas”…). Pero, bueno, este es un tema que daría para otra entrada independiente, así que no ahondaré más en él.

Todos estos motivos fueron los que le expuse a Papagato cuando pusimos el tema sobre la mesa. Y al final, al ver que para mí era importante, decidimos no ponérselos. He de decir, además, que meses después de que naciera, me comentó que pensándolo con el tiempo, se alegraba de no habérselos puesto por lo ya comentado… Así que así seguimos, sin pendientes, ni remordimientos 🙂

¿Y vosotros, qué opináis al respecto?

Un abrazo mamagatuno =^_^=

Un comentario sobre “Por qué mi hija no lleva pendientes

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo. De hecho hace unas semanas lo hablaba con mi pareja y estamos de acuerdo en que si tenemos una niña no le pondremos pendientes, no queremos ser nosotros los que marquemos a nuestra hija, que sea libre, que decida por ella misma. Yo misma tengo agujeros desde pequeña y ya casi nunca llevo pendientes. No me gusta.

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