Experiencias · Vivencias gatunas

Adaptación al cole

logoheart_thumb3¡Hola familias gatunas!

Como los que me seguís ya sabéis, Minina este año ha empezado educación infantil. Al final, tuvimos la suerte de que en el sorteo nos tocara nuestra primera opción, un centro que trabaja por proyectos y ambientes cuya filosofía se asemeja mucho a la metodología Montessori. Y aunque es verdad que antes de empezar en “el cole de los grandes” Minina se mostraba muy emocionada al respecto, la adaptación para ella fue un poco complicada. Los tres primeros días (durante los cuales no fue la jornada entera) fueron genial. De hecho, la tarde del viernes tuvimos reunión con su tutora y nos dijo que estaba perfectamente adaptada, que se movía (y curioseaba) por la clase como Pedro por su casa y que no tenía ningún problema a la hora de hablar con ella y decirle lo que quería o lo que le apetecía hacer.

Muy diferente fue la segunda semana de clase, cuando vio que aquello iba a convertirse en rutina y, además, empezaron las clases por la tarde.  Y es que ella a la guardería solo había ido de mañanas, y eso de volver a casa, comer y echar una siesta de sólo una hora (y no dos) para volver a ir al cole, no le gustó nada. Si a eso le sumamos la separación con nosotros tras dos meses de vacaciones juntos, un sitio nuevo, compañeros nuevos y que su tutora en la guardería era una chica súper dulce y cariñosa, mientras la actual es un poco más seria (al menos a primera vista)… Creo que no hay mucho más que añadir.

Fue una semana de ánimos mucho más alterados, rabietas más frecuentes, de llantos, de “yo no quiero ir al cole de los grandes, porque yo soy pequeña“; “yo quiero ir con la Vane (la señorita de la guarde) porque Ana no me gusta” y otros comentarios muy bien razonados (demasiado, a veces) que intentamos rebatir lo mejor que pudimos. ¿Cómo? Con paciencia, cariño, levantándonos un ratito antes de lo que podríamos para tumbarnos 5-10 minutos en el sofá por el mero hecho de hacerlo, tomárnoslo con calma y explicándole del mejor modo posible que entendíamos que estuviera triste y que no le gustara (empatización y conexión primero, siempre 😉 ), pero que ahora ya es mayor, que la Vane tiene que cuidar a otros niños pequeños y que en su nuevo cole haría nuevos amigos pronto y se sentiría mejor.

Por suerte, la cosa duró poco, y a partir de la semana siguiente empezó a autoconvencerse ella sola… algo que, pensando después, recordé que también había hecho el segundo año de guardería, aunque de un modo más básico. ¿A qué me refiero? A que empezó a explicarnos (y explicarse) cómo iban a ir los días:

  • Ahora me voy al cole con la mama, y ¿me viene a buscar quién?
  • El papa
  • Viene el papa. Y luego como, y duermo y luego vuelvo al cole, pero ya es corto y ¿me vienes a buscar tú o el papa?
  • Yo
  • Y luego vamos al parque y…

También nos sorprendió sacando su pizarra y todos sus muñecos al comedor para explicarnos que era la “señu Ana” y nos iba a dar una clase.

A partir de ahí, empezó a ir contenta. Es cierto que algún día (normalmente lunes, debido al fin de semana) se pone triste cuando la dejamos y dice que quiere que nos quedemos con ella, pero a la que pasan un par de  minutos y cree que ya nos hemos ido, deja de llorar y se pone a jugar. También es verdad que desde hace unas semanas está sacando más genio, se enfada más a menudo y parece que empieza a escapársele la mano… Y aunque no sabemos a ciencia cierta si tiene que ver con esto o es que nos adentramos en los “Terrible Three”, creo que podemos decir que prueba superada a nivel de aceptación del colegio, pero que la separación con respecto a Mami y a Papi le está costando un poco más y lo está sacando por el lado del genio.

Aún así, en Villa Felina hemos seguido con algunas rutinas que creo que le ayudan bastante:

  • Seguimos intentando mantener la paciencia (aunque últimamente la perdamos más de lo que nos apetecería porque no es fácil).
  • Nos levantamos con tiempo suficiente para poder desayunar y arreglarnos con calma y que el día empiece tranquilo. Y como es un colegio de “entrada abierta” (tienes 10 minutos de margen), si un día en vez de estar allí cuando abren, entramos a y cinco, tampoco pasa nada y ella no va con la sensación de prisas (esto me lo ha enseñado la experiencia, jiji).
  • Si no se despierta ella sola, la despertamos con música para empezar la mañana con buen pie.
  • Los 5-10 minutos en la cama o sofá se han instaurado como tradición, con lo que ella los reclama en caso de no ir a cumplirse ❤ .
  • Intentamos anticipar de un día para el otro (y esa misma mañana) cuál va a ser la rutina del día: quién la va a llevar al cole, quién la va a ir a buscar y con quién comerá, quién la llevará y recogerá por la tarde, y si tiene alguna extraescolar.
  • Si es un día de esos en los que no quiere quedarse, empatizamos con ella y le decimos que tampoco queremos irnos, pero que tenemos que ir a trabajar y que iremos a buscarla pronto (nosotros o quien vaya a ir).
  • Le recordamos, cuando hace falta, que nosotros también le hemos echado de menos el tiempo que no hemos estado juntos.

Y lo cierto es que no sé si es lo más correcto o no, pero creo que estos pequeños detalles nos han ayudado mucho a que la transición fuera más llevadera para ella. Por eso quería hablaros un poco de cómo ha sido nuestra adaptación y cómo la hemos gestionado. ¿Y vuestros peques? ¿Han tenido que (re)adaptarse a la guarde o al cole?

Un abrazo mamagatuno 🐱

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