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Cómo mi hija podría haberse ahogado a cuatro pasos de mí mientras la vigilaba

Quizás el título suene alarmante, pero es que cierto. Mi hija podría haberse ahogado a cuatro pasos de mí, no sólo mientras la vigilaba, así, en general, sino mientras la estaba mirando. ¿Cómo es eso posible? Os lo explico ahora.

Fin de semana de la verbena de San Juan. La comunidad en la que vivimos tiene piscina a la que en la última reforma se le ha añadido una zona para niños pequeños, en la que hay unos 30 cm. de agua, más o menos. Cómo no, aprovechamos el buen día que hace para que Minina juegue con su amiguita.

Bajamos con todos los enseres: toallas, algún juego, una tabla flotante y el churro por si Minina quiere nadar conmigo en la zona que le cubre. Manguitos no tenemos, flotador tampoco, he leído de algunos de los riesgos que conllevan y, ya que ha aprendido a moverse con tabla y churro este año, prefiero seguir en esta línea

Ellas juegan a varias cosas: a saltar,  a tirar bolas que se hunden en el agua, etc. Llegado un momento, Natalia ve una especie de burbuja de otro niño de la comunidad, y dice que quiere ponérsela. La llamo “especie de” porque en  vez de forma de huevo, son cuatro cuadrados de goma flotante con unas tiras que lo atan a la cintura. Minina nada con la burbuja sola en matronatación desde hace unas semanas, con lo que se lo pongo. Ella va para arriba y apara abajo feliz. Llegado un momento, empieza a nadar de modo extraño: en vez de mover los dos brazos, solo bracea con uno mientras el otro lo deja debajo del agua. Así, se va moviendo por la piscina, mientras otros niños juegan a su alrededor con sus padres, y la madre de su amiga y yo la miramos:

  • ¿Está nadando, o le pasa algo?
  • Creo que nada, pero nunca lo había hecho de esa forma.
  • Sí, es curiosa, ¿no?
  • Lo que no sé es por qué deja un brazo debajo…

Por su puesto, el diálogo no es literal, porque no lo recuerdo. Pero la idea general sí era esa: parece que nade pero de una forma rara. Al ver que sigue haciendo lo mismo, se me ocurre acercarme a ella y la tomo del brazo. Cuando la saco, veo que está muy asustada. La tomo en brazos, se me agarra con fuerza:

  • Mama, mama…

Le doy unas palmadas en la espalda de consuelo y suelta un eructo, producto de todo el aire que ha tragado sin querer.

Nos sentamos en el borde de la piscina, aún abrazadas:

  • ¿Tienes frío? ¿Quieres la toalla?
  • No…

Se me abraza aún con más intensidad. Porque sigue asustada, porque lo que quiere es mi alivio y mi contacto. La madre de su amiguita y yo nos miramos, sorprendidas. Porque no parecía que pasara nada. Porque, como ya he dicho, parecía que nadara. Porque nadie de quien estuvo a su alrededor se dio cuenta siquiera. Y no es que no la estuviera vigilando, no fue un descuido o una imprudencia por mi parte… no. Sólo parecía que estuviera nadando de un modo inusual.

Así que sí, mi hija podría haberse ahogado a cuatro pasos de mí mientras vigilaba. Igual que en la mayoría de los casos la gente se ahoga estando rodeada de gente. ¿Por qué? Porque los ahogamientos no son como se ven en las películas, no da tiempo a gritar ¡Socorro, que me ahogo! E incluso puede parecer que ese niño está jugando en el agua. Como sucedía con Minina. Como le sucedió a ese niño de un vídeo que se hizo viral el año pasado, en el que casi se ahogaba porque parecía que estuviera nadando y dando volteretas e incluso un hombre pasaba por su lado y no se daba cuenta.

Hablando después con unos amigos de lo sucedido, ellos me aseguraban lo que yo ya había intuido: las burbujas (o similares) son un peligro en las zonas donde no cubre, porque evitan que el niño pueda hacer pie y levantarse si se cae.

Pero no sólo las burbujas implican un riesgo. Los manguitos son “antinaturales” a la hora de aprender a nadar, porque flotan desde los brazos, algo que sin ellos no sucede. Pero además,  si les van sueltos, o los niños saltan con fuerza, se les pueden escurrir y el niño irse al fondo del agua (esto explicado por nuestra profesora de matronatación, que también trabaja de socorrista).

El flotador nos ha dado un susto a más de uno en nuestra infancia (a mí misma incluida) porque es muy fácil que se de media vuelta y quedar bocabajo. De hecho, pocos días antes le sucedió a Minina, al tomar uno prestado; pero como estábamos en la zona infantil, se dio la vuelta ella sola enseguida, antes de que yo llegara en su rescate.

Y lo mismo sucede con otros tipos de juegos. De hecho, hace poco un amigo que trabaja en el sector sanitario compartía este vídeo de una niña que se quedaba atascada bajo el agua al hacer una voltereta llevando puesta su preciosa cola de sirena. Y después de escribir la entrada, una lectora y amiga de redes sociales me comentaba que su hija de dos años que ya sabía bucear se quedó bloqueada en el agua, es decir, de pie, pero con la cabeza dentro del agua, y ella tuvo que sacarla tirando del brazo (gracias por dejarme compartirlo, por cierto ❤ ).

Eso sin contar que con un par de minutos y veinte centímetros de agua (e incluso menos) un niño pequeño puede ahogarse si no sabe cómo salir de ella, si se asusta y se queda paralizado o si, por el motivo que sea, no logra hacer pie. Por eso es tan importante estar pendientes de nuestros mininos cuando están en el agua. Porque incluso cuando creemos que están seguros, pueden no estarlos; porque no existe el material perfecto para evitar sustos ni desgracias.

Quizás pueda parecer una entrada alarmante, pero vuelvo a repetir lo mismo: mi hija podría haberse ahogado mientras yo la miraba. No fue un descuido, no estaba desatendida, no estaba sola. Yo estaba al lado, mirándola, y tardé un rato en reaccionar, más “por si acaso” que porque fuera consciente de lo que le estaba pasando.

Por eso quería escribir la entrada de hoy sin fotos, ni florituras, sin mi saludo habitual y yendo directa al tema. Porque si con él logro que alguien sea un poco más consciente de los riesgos que el agua conlleva, si cabe la mínima posibilidad de evitar alguna desgracia, me podré dar por satisfecha. Por eso os pediré también que, si os parece importante, compartáis la entrada por favor. No es algo que suela hacer, pero esta vez os estaré muy agradecida.

Un abrazo, Laura

2 comentarios sobre “Cómo mi hija podría haberse ahogado a cuatro pasos de mí mientras la vigilaba

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