A Minina · Mamagataflexiones

Recuerdo cuando eras (aún más) pequeña

Madre e hija

Ayer fue un día de esos en que no querías dormirte. Primero, a la hora de la siesta, en la que nos estuviste “mareando” durante más de hora y media. Porque al principio querías dormir, pero luego ya no, preferías comer, pero mientras comías decidiste que volvías a tener sueño, aunque tras estar un rato en la cama preferiste volver a levantarte. Después, por la noche, cuando nos fuimos a la cama pareció que te dormías, pero luego pediste agua, empezaste a moverte y quedó claro que ganas de dormir tenías pocas.

No sé por qué, pero esto empieza a suceder más a menudo. Bueno, a decir verdad, uno de los motivos para mí es obvio: estás creciendo, y has empezado a darte cuenta de que puedes decir “No”, de que puedes escoger, de que puedes hacer y decidir por ti sola. Otro lo sospecho… el mundo es tan interesante y divertido para ti, ahora que puedes hacer todo lo dicho, que dormir empieza a convertirse en una pérdida de tiempo, salvo que estés agotada, claro. Puede que haya otros, pero esos, como ya he comentado, los desconozco.

Y ayer eran ya más de las diez de la noche cuando, por fin, decidiste que tenías sueño. Y fuimos a tu cuarto, tú te tumbaste en la cuna y yo en el colchón que ponemos debajo. Diste unas cuantas vueltas, me tocaste con el pie o con la rodilla para asegurarte de que seguía allí y, poco a poco, tu respiración se fue acompasando. Mientras tanto, yo pensaba.

Me acordé entonces de cuando eras (aún más) pequeña. Esos primeros meses, esas primeras semanas en que eras una cosita totalmente indefensa que apenas se movía. Ese tiempo en el que para ti no existían los horarios y, muchas veces, mientras Papagato ya dormía, tú y yo nos quedábamos en el sofá. Tú tumbada a mi lado o encima de mí, yo leyendo, escribiendo o viendo la tele… o simplemente disfrutando de tu aroma y compañía. Recordé cómo sólo mirarte hacía que se me removiera todo por dentro… y pensé, también, en cómo han cambiado las cosas.

Y es que han pasado más de dos años de eso y tú ya no eres un bebé, aunque siga llamándote “mi bebota”. Eres una personita con voz, personalidad y voluntad propias. Eres un ser en formación (¿no lo somos todos?) que nos sorprende día a día con nuevas frases, acciones, ideas e ingenios. Y aunque no te voy a negar que hay cosas que echo de menos, también tengo muchas ganas de saber a dónde nos llevará esta aventura, con qué nuevas salidas nos saldrás en unos días, cómo serás dentro de un tiempo, qué aficiones e intereses acabarás adquiriendo.

Y sí, también me digo que “tiempo al tiempo”; que no hay que saltarse etapas y que, cuando me de cuenta, estaré recordando lo que sucedió ayer (y viene sucediendo desde hace tiempo) tal y como ahora recuerdo otras tantas cosas… Así que sólo queda esperar, vivir nuestro día a día, seguir disfrutando de lo bueno y respirar hondo con lo no tan bueno… Aunque he de confesar, que todo será mucho más fácil si, al menos, aceptas irte a la cama cuando toca. Que aunque nuestro amor por ti sea infinito, también necesitamos nuestros momentos de descanso 😉 ❤

Escrito el 20 de febrero de 2018

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