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Modos de evitar el no para una educación respetuosa

logoheart_thumb3¡Buenas familias gatunas!

En Villa Felina estamos últimamente un tanto saturados. Minina está en plena aDOSlescencia (o los terribles dos) y, a pesar de que sigue siendo un amor de niña, las rabietas y los intentos de retarnos están a la orden del día. Por eso, cada vez se oye más por estos lares una palabra muy conocida por todos: “No”.

Y es que venimos de una educación autoritaria en la que esa palabra estaba a la orden del día, por no decir de la hora. Sin embargo, desde que soy mamagata, y conforme he ido leyendo literatura relacionada con la maternidad y la crianza, cada vez estoy más convencida de que su uso excesivo puede llegar a ser contraproducente.

De hecho, es algo que sucede con todo en esta vida, ¿no? El sobre-uso hace que pierda su valor y este quede, incluso, menoscabado o malinterpretado. Así que quizás no solo sirva para que nuestros mininos no vean la importancia que tiene, sino que puede llevarlos a retarnos más, en busca de nuestra reacción.

Pero, como siempre digo, eso no quiere decir que no podamos decir “No” nunca. Más bien creo que lo mejor es controlar su uso, usarlo para momentos realmente necesarios y, para los otros, buscar alternativas. Así, evitaremos que esa breve palabra sea la base de nuestra forma de educar (algo opuesto a la “educación respetuosa y en positivo” que a mí tanto me gusta.

¿Qué podemos hacer para evitar el uso del no? En primer lugar, y antes de mostraros alternativas específicas, lo importante es que nosotros tratemos de mantener siempre la calma. Eso nos permitirá ser capaces de ver qué está sucediendo, por qué nuestro hijo actúa como actúa (¿no sabe que eso es peligroso? ¿está cansado? ¿tiene hambre y por eso está enfadado?). También nos ayudará a evitar situaciones no deseadas, como rabietas, o bien a gestionarlas de otra forma.

En segundo lugar, es importante escuchar activamente a nuestros hijos y validar sus sentimientos. Sólo con eso ya tendremos mucho ganado, porque no seremos “el enemigo”, sino alguien que les quiere, que trata de entenderles y ayudarles. En caso de mininos pequeños (menores de 4 años), es bueno hablarles de sus emociones. Así, con el tiempo, serán capaces de reconocerlas con facilidad, incluso expresarlas ellos mismos, con lo que su nivel de estrés y frustración será menor y podrán establecer relaciones más sanas. Sin embargo, si vuestros mininos son de esos que necesitan su propio espacio, lo adecuado será dárselo y acompañarles en silencio, para que sepan que no están solos pero les respetamos.

Pasada la tormenta, y dependiendo del problema y la edad de nuestros mininos, deberemos reflexionar con ellos sobre lo sucedido y, dentro de lo posible, tratar de encontrar una solución conjunta. Eso sí, siempre que ellos estén en el estado mental adecuado para hacerlo (si están en plena rabieta no va a servir para nada).

Dicho esto, ¿qué estrategias podemos usar para evitar el no? Aquí os dejo las que yo intento usar con Minina:

  1. En caso de mininos pequeños, que aún no entiendan cuando se les habla, sale más a cuenta actuar que hablar. Es decir, si no queremos que se suban a un sitio, se acerquen a otro o toquen algo, la mejor forma de demostrárselo es bajándolos, apartándolos o alejando de ellos eso que no se quiere que toquen. A base de intentarlo y de ver que no se lo permitimos, acabarán entendiendo que eso no se hace.
  2. Si pasamos a Mininos un poco más mayores… Dar órdenes claras y concisas en positivo. Todos recordamos el típico comentario de “No te gires, pero…” y las ganas incontrolables que le dan a uno cuando se lo dicen, ¿no? Pues lo mismo sucede con los niños. Siempre es mejor ser conciso para no perder su atención y decir lo que queremos que hagan (“Camina despacio.” “Baja del banco“) en vez de lo que no queremos que hagan (“No corras” “No te subas“).
  3. En la misma línea, explicar el porqué o la consecuencia natural de forma breve es una buena herramienta, ya que es más fácil obedecer cuando conocemos el motivo (“No toques eso, que te puedes quemar” “Si tiras eso, se va a romper y no podrás jugar más”).
  4. Reforzar lo positivo de lo que queremos que haga; es decir, “venderles un poco la moto” en un sentido positivo  (“No juegues más / Deja de jugar, que hay que cenar” vs “Venga, que vamos a cenar algo riquísimo y, después, antes de acostarte, te leeré un cuento”).
  5. También ayuda expresar la norma como algo externo (“Es hora de cenar“) para no marcar el inicio de una “lucha de poder”. Ya os comenté hace un tiempo que con las tareas domésticas un cuadro de rutinas puede ser una buena opción (“No lo digo yo, lo dice el cuadro” 😉 ).
  6. Distraer y redirigir la atención puede ser una muy buena forma de evitar rabietas. Con Minina, por ejemplo, cuando se enfada porque no se sale con la suya y no hay forma de razonar, algo que me funciona es ponernos a leer algún libro de los que tanto le gustan. Al principio sigue llorando y diciendo que no, pero la curiosidad acaba venciéndole y siempre termina sentada a nuestro lado leyendo con nosotros. Papagato, por su parte, usa juegos y bromas que le funcionan (aunque a mí no 🙄 ) para sacarle de ese estado.
  7. Por otra parte, ofrecer alternativas también suele ser útil. Por una parte, a todos nos gusta sentir que tenemos opción de elegir (“¿Dónde te quieres bañar, en la bañera o en la ducha?“). Por otra, podemos proponer algo nuevo por aquello que no pueden hacer (“Deja de pintar en el suelo, que se ensucia. ¡Mira, aquí tienes un papel!“) y que no se lo tomen a mal.
  8. Algo que leí en El cerebro del niño explicado a los padres  y que me gustó mucho en su momento es el “Sí, pero…”. O sea, en vez de decir un no, empezamos con un sí para luego poner las condiciones (“Sí podemos jugar a eso, pero primero debemos recoger eso“; “Sí podemos ir en bici, pero otro día, que hoy es tarde“). Obviamente no funcionará siempre, pero es una buena forma de no cerrarnos en banda e iniciar un enfrentamiento directo.

Como podéis ver, no son muchas cosas a tener en cuenta, pero sí las suficientes para marcar la diferencia.

¿Y cuál es la realidad de todo esto en Villa Felina? Pues que es una de esas cosas en las que estamos divididos. Papagato no opina igual que yo, y no le da tanta importancia a esto, con lo que actúa como considera que debe hacerlo, cosa que entiendo. Por mi parte, yo lo intento, pero también es verdad que la costumbre, el cansancio y a veces la falta de paciencia hacen que se me escapen más “noes” de los que a mí me gustaría decir. Sin embargo, como he dicho más de una vez, aquí no se trata de autofustigarse ni de juzgarse a uno mismo ni a los demás, sino de esforzarse por hacerlo lo mejor posible e intentar mejorar día a día, ¿no os parece?

Así que aquí terminan por hoy mis disertaciones y recomendaciones del día. Si queréis decirme algo al respecto, sabéis que me encantará leeros en los comentarios.

Un abrazo mamagatuno 🐱

 

4 comentarios sobre “Modos de evitar el no para una educación respetuosa

  1. Me ha gustado mucho ya que, por una parte, te refieres a libros que has leído, y, por otra, nos das ejemplos prácticos para entenderlo mejor. Las aprendicea de tía te lo agradecemos!!!!😉

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  2. Llevas razón. Si yo también me he leído muchas cosas, he ido hasta al cole de padres y lo intento poner en práctica pero… es que la inercia, el cansancio y la desesperación a veces son mucho más fuertes. Pero bueno , supongo que es cuestión de práctica. El mío tiene ya 3, camino a 4…ríete tú de la aDOSLescencia… peor con diferencia! 🙈

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  3. ¡Hola! Sí, yo creo que es lo más normal del mundo, ¿no? Todos somos humanos, y a veces estamos cansados, irascibles… Creo que es parte del aprendizaje, también, saber que hay veces que las personas reaccionan de forma diferente dependiende de cómo se encuentren. Para mí lo importante es admitirlo, y si hace falta disculparse, que es algo importante que aprender, también. ¡Gracias por tu comentario!

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