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¿Soy una madre permisiva? (Tips para no serlo)

logoheart_thumb3Hace un tiempo Papagato me “recriminó” (por decirlo de alguna manera) que yo actuaba diferente con Minina en casa que en casa de otras personas. Se refería a que cuando estábamos de visitas la controlaba más y no le dejaba hacer cosas que en casa sí que puede (como, por ejemplo, tocar lo que hay en el mueble). Para mí, la respuesta estaba clara: en casa le dejo tocar las cosas porque me gusta que experimente, e intento que lo que quede a su alcance sean cosas que no son peligrosas. En otras moradas, en cambio, no tienen por qué estar guardando lo que no quieren que Minina toque, y ella tiene que aprender a controlarse y respetarlo.

Aunque, según él, de ese modo ella no puede saber qué es lo que se puede y no se puede hacer, yo creo que es cuestión de tiempo (además de una realidad como un templo) que ella entienda que su casa es su casa, con sus “confianzas” adquiridas, y que las casas de los demás son las casa de los demás, con unas confianzas más reducidas, donde hay que respetar sus propias normas. Sin embargo, la discusión derivó a la pregunta de si éramos padres permisivos o no. Yo no creo que lo seamos, pero Papagato consideraba que sí en algunos aspectos, lo que hizo que me cuestionara el tema…

Después de darle vueltas durante un tiempo, me parece un tema interesante sobre el que hablaros. ¿Qué es ser un padre o una madre permisivos y cómo podemos evitarlo? Vamos a verlo…

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Hablando de forma muy genérica, existen tres tipos de crianza: la más autoritaria y muy exigente con los hijos, la permisiva y la que algunos denominan “democrática”. La autoritaria es la más “tradicional” en nuestro país; con sus pros y sus contras, es la que hemos recibido la mayoría de las generaciones adultas de nuestro tiempo. Esa en la que la “autoridad” se entiende como un “porque el adulto lo dice” y el niño básicamente obedece, esa de los premios y los castigos que todos conocemos.

Sin embargo, gracias al maravilloso “efecto péndulo”, parece que en estas nuevas y jóvenes generaciones algunos padres han empezado a estar en contra, confundiendo autoridad con autoritarismo, y se ha pasado a una educación totalmente opuesta, la de la falta de límites claros y cierta indulgencia. Este tipo de educación tampoco es positiva para los niños, ya que la falta de dichos límites puede generar problemas posteriores, tales como considerar que tienen derecho a todo pero sin asumir sus deberes o responsabilidades, no desarrollar correctamente habilidades sociales para resolver sus problemas en el futuro, o bien tener problemas de conducta, impulsividad (al no haber trabajo el autocontrol), inmadurez, intolerancia, falta de empatía… Eso sin olvidar la también consecuente falta de autoestima que todo ello puede generar.

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No sé si existe una fórmula mágica para ser el padre o la madre perfectos, pero sí que creo que en general el éxito reside en el equilibrio, con lo que para mí la mejor opción es la intermedia. Esta sería la educación “democrática” es decir, con normas, pero desde el (y con mucho) cariño, además de con flexibilidad en base a las circunstancias. ¿Qué debemos hacer, entonces, para no ser muy permisivos ni tampoco demasiado autoritarios? A continuación os dejo algunos principios que a mí me parecen importantes:

warning_7En primer lugar, tener un entorno afectivo en el que los niños se sientan queridos y seguros, pero sepan que hay normas y rutinas. Dichas rutinas les enseñan a tener orden y control en su vida, además de empezar a a trabajar el concepto de responsabilidad mediante ciertas tareas o acciones.

warning_6Siguiendo el hilo de las responsabilidades, es importante que hagamos a nuestros hijos responsables  de sus acciones o comportamientos inadecuados y sus consecuencias. Esto no quiere decir castigar ni reñir a diestro y siniestro, sino establecer diálogos donde comprendan cuál es el problema, proporcionar consecuencias lógicas en base a lo sucedido (recoger lo que se ha roto, por ejemplo) e incluso pactar con ellos cuál es la consecuencia de su acto si ya son un poco “mayores”. En Villa Felina Todavía no hemos podido llevar esto a práctica porque Minina aún es muy pequeña, pero por artículos que he leído y experiencias de amigas, a veces sus propuestas pueden llegar a sorprendernos y ser mejores (o incluso más “duras”) de lo que nosotros habíamos pensado.

warning_4A la hora de establecer límites y normas, es esencial  ser autoritarios, sin confundirlo con el autoritarismo. El niño tiene que entender que el padre sabe qué es mejor para él, pero dejándole vivir sus propias experiencias. Para esto, tiene que haber un vínculo previo de cariño y confianza y establecer límites con amor y respeto. No hace falta decir a todo que sí, ni tampoco decir a todo que no. Lo importante es establecer qué es verdaderamente importante, dónde podemos  llegar a acuerdos y dónde no podemos. En este sentido, estos son los aspectos que yo considero más importantes:

  • Dar órdenes claras y concisas (“En la biblioteca se habla bajo“,”Para cruzar tienes que darme la mano“) ya que los sermones largos solo sirven para que el niño desconecte.
  • Todos recordamos el típico comentario de “No te gires, pero…” y las ganas incontrolables que le dan a uno cuando se lo dicen, ¿no? Pues lo mismo sucede con los niños. Siempre es mejor hablar en positivo (“Deja eso en su sitio.” “Baja del banco“) que en negativo (“No lo cojas” “No te subas“).
  • En la misma línea, explicar el porqué de forma breve es una buena herramienta, ya que es más fácil obedecer cuando conocemos el motivo (“Aparta la mano de ahí, que te puedes quemar“).
  • También ayuda expresar la norma como algo externo (“Es hora de ducharse“) para no marcar el inicio de una “lucha de poder” con el pequeño si la orden tiene que ver con nuestra voluntad  (“Te he dicho que te duches“). Para eso, con las tareas domésticas un cuadro de rutinas puede ser una buena opción (“No lo digo yo, lo dice el cuadro” 😉 ).
  • Ofrecer alternativas cuando sea posible. Ya sea para ver que tienen la opción de elegir y no se cierren en banda (“¿Dónde te quieres bañar, en la bañera o en la ducha?“), o bien para proponer algo nuevo por aquello que no pueden hacer (“Deja de pintar en el suelo, que se ensucia. ¡Mira, aquí tienes un papel!“) y que no se lo tomen a mal. A veces funcionará, otras no (lo sé a ciencia cierta), pero nunca está de más intentarlo.
  • Ser firmes, pero controlar nuestras emociones y nuestro lenguaje (tanto el verbal como el no verbal). ¿Cómo? Manteniendo la calma, hablando con firmeza pero no con enfado, poniéndonos a su altura para no resultar amenzantes, calmándolos si hace falta, estableciendo un contacto físico afectivo si eso les tranquiliza, etc. Esto a veces puede costarnos, ya que somos humanos y también nos enfadamos. Pero el quid de la cuestión no reside en “flagelarnos” cuando fallemos, sino en intentar ser mejores cada vez (consejo de una buena amiga 😉 , que esto de fustigarme bajo el “mea culpa” a mí se me da bastante bien).

warning_3En resumen, lo mejor que podemos hacer como padres es crear  un ambiente flexible donde haya normas y límites, pero que se adapten a las circunstancias del momento. Tratar a nuestros mininos siempre desde el cariño y el respeto, pero que aprendan que hay límites y que deben a responsabilizarse de las consecuencias de sus actos. De este modo, los niños saben qué se espera de ellos y tienen más confianza en sus padres debido a la seguridad que sienten estando a su lado y, por consiguiente, acaban sintiéndose más seguros ellos mismos.

Teniendo esto cuenta, y retomando mis dudas iniciales, es cierto que cuando vamos de visita a Minina le gusta tocarlo todo, que es juguetona y curiosa. Que además, desde hace poco, se está volviendo provocadora. Pero para mí sigue habiendo una diferencia entre lo que puede hacer en casa, con nuestras normas, y lo que puede hacer en casas de amigos, con las suyas.  También sigo pensando que no soy una madre permisiva. En casa hay normas, y se cumplen; fuera de casa también, y también se cumplen. A veces las normas no son las mismas en un sitio o en otro, y no pasa nada. A veces Minina se enfada, porque no se sale con la suya, pero tampoco pasa nada, solo está aprendiendo. Intentamos tener paciencia, esperar a que se calme o que lo entienda. Otras veces perdemos nosotros la paciencia un poco y hablamos enfadados, pero es algo que sabemos que tenemos que mejorar, y lo intentamos. Hay veces que somos más flexibles e incluso podemos llegar a ceder, si ella se tranquiliza y pide las cosas como se tienen que pedir. Pero si es algo que nos parece importante, no cedemos, se ponga como se ponga, porque en ese momento, no toca. Firmeza, flexibilidad y equilibro, eso es lo importante.

Por otra parte, dar libertad para experimentar a nuestros mininos, o bien dejarles hacer cosas que fomenten su autonomía, no es permisividad. Como ya comenté hace tiempo en esta otra entrada, mientras nosotros estemos de acuerdo y eso que hagan no afecte a su integridad, ni moleste del modo que sea a otras personas, para mí no es ser permisivo. Para mí es darles alas para volar, para que crezcan, para que sigan siendo curiosos, para que aprendan… en definitiva, para que sean niños.

¿Y vosotros, qué opináis?

Un abrazo mamagatuno 🐱

 

 

 

 

 

 

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