A Minina · Mamagataflexiones

Los animales que tú eres

Madre e hija

Cuando naciste fuiste mi torete. Eras muy pequeña, comparada con ahora, pero para ser un bebé eras bastante grande. Tuviste unos mofletes que daban ganas de morder durante mucho tiempo y, como por suerte no te costó ganar peso,  tus “lorzillas” (sobre todo en las piernas) nos acompañaron hasta que comenzaste a caminar con soltura.

Desde esa época, también, has sido mi ranita. Primero porque al tumbarte boca arriba te quedabas completamente quieta y provocabas en mí una ternura tremenda, un amor y deseo de protección infinitos. Ahora eres ranita, también, pero por un motivo diferente: te encanta el agua, jugar con ella, bañarte y chapotear en ella.

A veces, además, eres un patito. Al principio te llamaba así por los mofletes antes nombrados. Después, cuando empezaste a comer sólidos, por la forma de poner la boca cuando comías papilla. A Papagato le hacía mucha gracia cómo yo contaba las cucharadas para entretenerte “una de patito… dos de patito… tres de patito… venga, dos más y llegamos a cinco“. Ahora lo eres cuando pones morritos jugando a hacer gestos, cuando te concentras en algo o cuando provocas a quien te mira para ganarte su sonrisa… Y cuando vamos a la piscina, claro, porque a los patos también les encanta el agua, igual que a las ranas.

Desde que comenzaste a aguantarte sentada y a agarrarte cuando te llevamos en brazos, has sido también mi koala. Sobre todo, cuando te ayudo a incorporarte en el cambiador, a veces de pie, a veces sentada. “¿Quién es mi koala?” te pregunto. Al principio sólo decías “shiiii“, ahora dices tu nombre a la vez que extiendes los brazos para que te abrace y bajar de las alturas. “¿Me abrazas fuerte, fuerte?“. Y apoyas la cabeza en mi hombro, o bien te retuerces porque lo que te apetece es ir al suelo, todo depende del momento.

Y ahora, cuando juegas, también eres un monito. Te encanta colgarte a cualquier barra que encuentres, balancearte en ella y comprobar tu fuerza. “A’mono” dices toda contenta cuando acabas de subirte al tobogán y te agarras a la barandilla superior, antes de tirarte por la rampa. “A’ mono” repites cuando te enganchas de la barra que hay en el ascensor y te miras fijamente en el espejo… y eso por poner un par de ejemplos.

Cómo no, en estos lares informáticos y como buena hija de Mamagata, eres y seguirás siendo Minina, no importa los años que tengas. Y es que tras pensar en varias opciones e incluso pedir propuestas a amigos, no encontré otra que me pareciera más bonita, cariñosa y tierna.

Y aún a así, a pesar de ser tantos animales, mi apodo cariñoso para ti cuando te llamo es desde que recuerdo “bichito”. Porque eres movida, porque siempre has sido muy curiosa, porque no paras quieta. Y tú estás tan acostumbrada, que a veces te llamo por tu nombre y me ignoras, pero si cambio a “¡Bichito!”, siempre me miras. Que me hagas caso o no ya es otra cosa, pero es que si siempre obedecieras no harías honor a tu apodo.

Y creo que aquí acabo mi lista.  Sin contar a los animales que tanto te gusta imitar ahora mismo (¡las onomatopeyas son tan divertidas!), sin contar los que serás con el tiempo, algo que queda entre tú y yo, bichito, koala, mi minina… ❤

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