Mamagataflexiones · Reflexiones gatunas

Mi vuelta al cole

logoheart_thumb3¡Hola, familias gatunas!

No sabía cómo empezar a escribir esta entrada cuando me he puesto a ello, pero enseguida me ha venido un pensamiento a la mente: los “uno de septiembre” deberían posponerse, si caen en viernes. Porque no hay nada que de más pereza que empezar a trabajar justo cuando acabe la semana. Por mucho que una piense “Bueno, es sólo un día, luego vuelvo a descansar dos días…” eso no lo hace menos pesado.

Y sé que mucha gente dirá que no puedo quejarme. Tras dos meses de vacaciones, empiezo con unos exámenes de recuperación, tiempo para corregirlos, una reunión de profesorado y de vuelta a casa. Sin embargo, no escribo para crear polémica sobre las vacaciones del sector de la docencia, ni para explicar que el mes de julio es para hacer formación, o por qué esos dos meses sin clases son tan necesarios, tanto a nivel personal/mental, como por el clima que tenemos y las infraestructuras de los centros educativos que harían que dar clases en julio o agosto fuera una tortura. Hoy quiero reflexionar solamente sobre MI vuelta al trabajo.

No había sido consciente de que ya se acababan mis vacaciones hasta ese mismo lunes, cuando me di cuenta de que el viernes ya empezaba a trabajar… tal ha sido la desconexión que he hecho este año. Y no es para menos, ha sido un verano muy intenso tanto por los varios viajes que hemos hecho como por las exigencias (y rabietas xD) crecientes de Minina. Aún así, los primeros días de la semana pasaron muy rápido también y, de repente, ya era jueves por la noche. Como siempre suele pasarme, me costó bastante dormirme y, además, dormí mal.

Aún así, el viernes esperaba poder irme sin despertar a nadie, pero Minina se levantó cuando estaba a punto de salir de casa. Como era de esperar, pidió pecho en cuanto me vio, así que al final me marché un poco más tarde de lo esperado (aunque con tiempo de sobras 😀 ). Cuando lo hice, ella ya estaba en el comedor, completamente despierta, desayunando con su padre, toda feliz y sonriente… y a mí me dio muchísima pena.

No es de extrañar, puesto que este verano hemos estado juntas casi siempre. Obviamente he intentado tener momentos para leer, para escribir, para los blogs, para descansar, etc. pero casi siempre han sido ratos cortos aprovechando que ella se echaba la siesta, que estaba jugando o paseando con Pagato, o bien por la noche, cuando ya dormía. También he aprovechado los cada vez más habituales ratillos que ella juega sola; pero no deja de tener un año y nueve meses, y siempre estamos presentes o le vamos echando un ojo muy de vez en cuando cuando se da el caso. Así que puedo decir que prácticamente hemos estado dos meses juntas, sin apenas separarnos. Y aunque sabía que en unas horas volvería a estar con ella,  iba a ser más tiempo del habitual durante las vacaciones. Además, en ese instante ir al trabajo implicaba que estábamos volviendo ya a las rutinas: empezar a preparar las clases, que ella vaya a la guardería en breve, estar más tiempo separadas… No sé cómo explicarlo, pero me dio mucha lástima cuando salí de casa y ella apenas me hizo caso cuando me despedía (supongo que eso tampoco ayudó mucho, jijiji 😛 ).

Lo cierto es que no recuerdo en qué iba pensando conforme caminaba hacia el trabajo. Pero sí puedo decir que al llegar al instituto, empezar a ver a compañeros, saludarnos y hablar un poco, ir al departamento a buscar los exámenes y repartirnos un poco la faena, corregir después de la recuperación… me di cuenta de que de algún modo eso me estaba sentando bien. Quizás suene feo, pero en parte me sentí liberada, me di cuenta de que me hacía falta. Puede que alguien al leerlo piense: “¿Cómo puede decir algo así?”, pero si dijera lo contrario estaría mintiendo, me parece que hasta cierto punto es algo normal y no creo que sea la única a quien le pase.

Puedo decir con total sinceridad que estos meses han sido muy bonitos, pero también duros. Minina se acerca a los dos años, y las rabietas de verdad han aparecido en nuestras vidas (lo que antes pensaba que eran rabietas eran sólo el preludio, al parecer 🙄 ), cada vez es más autónoma pero también más exigente, y también cuesta más convencerla cuando quiere o no quiere algo. Sé que es lo normal para una niña de su edad, pero eso no evita que haya momentos desesperantes.

Y creo que no hace falta que diga que me encanta ser madre. Quiero a Minina con locura y no la cambiaría por nada en el mundo a pesar de los berrinches, del cansancio general, de mi falta de sueño y todas las cosas de las que a veces me quejo. Sin embargo, en el proceso de ser madre una pierde algo que para mí siempre había sido muy importante, la independencia. Porque ahora hay alguien que depende de mí (casi) siempre. Porque considero que soy madre para cuidar de mi hija y estar con ella, y, por eso, aunque sepa que a veces es bueno y hasta conveniente, me cuesta dejarla con abuelos o amigos de confianza para poder hacer otras cosas… Salvo si se queda con Papagato, claro, que para eso es su padre 😛 . Y vivir la maternidad así es precioso, pero también muy absorbente; tanto que a veces ni siquiera te das cuenta de que necesitas un respiro.

Por eso, el primer día de trabajo fue bueno para mí. Porque dejé de ser “la madre” para ser “yo” a secas. Sin dejar de hablar de ella, ni que dejaran de preguntarme, claro, pero yo al fin y al cabo. Supongo que porque el trabajo es algo ajeno a Minina (aunque ella haya estado por el instituto alguna que otra vez) y, por lo tanto, es algo que relaciono conmigo y no con nosotras. Y así me di cuenta de que en parte, aunque se esté muy bien de vacaciones y volver siempre da un poco de pereza, me iba a sentar recuperar parte de mi espacio entre la vorágine de pañales, preparar comidas, jugar, pensar en actividades para hacer, la matronatación, las risas, los llantos, los abrazos, las miradas de rabia y todas esas cosas tan bonitas y no-tan-bonitas que ser madre conlleva.

Como bien decía antes, quizás haya quien no lo entienda, o que le parezca extraño. ¿Prefiere trabajar a estar con su hija? No, prefiero estar con mi hija SIEMPRE. Pero también es verdad que los niños exigen mucho y, yo al menos, soy alguien que necesita su espacio. Si gran parte de mi espacio tiene que ser el trabajo, bienvenido sea, que al fin y al cabo es algo que me llena y con lo que disfruto. Así que si a alguna o alguno de vosotros os pasa lo mismo, no os sintáis mal, porque no estáis solas, ni eso nos hace peores padres y madres, simplemente nos hace humanos.

Un abrazo mamagatuno 🐱

 

 

 

 

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