A Minina · Mamagataflexiones · Vivencias gatunas

18 meses

logoheart_thumb3Dieciocho meses cumples hoy, y yo no dejo de sorprenderme de lo rápido que pasa el tiempo. Ya ha pasado medio medio año desde que te escribí por tu aniversario todos mis buenos deseos, los que me parecían los mejores consejos… y parece que fue ayer.

En estos seis meses todo ha cambiado muchísimo. Ya caminas segura, a veces incluso corres, sabes lo que quieres y lo que no quieres, y luchas (como buenamente puedes) por ello. También te encanta arrastrar cosas, intentas escalar todo lo que encuentras, pones a prueba tu fuerza y equilibrio a la menor oportunidad, aunque nosotros suframos con y por ello. En la casa cada vez hay más desorden con más frecuencia, porque eso de “a recoger” está dejando de ser divertido… y es que destruir es mucho más interesante, todos los sabemos 😉 , aunque Papagato desespere a menudo y yo lo haga de vez en cuando.

El arte ya estaba en tu mundo en forma de canciones y música, pero se ha dado nuevo paso a través del baile, las ceras, los rotuladores y los bolis. Siempre que ponemos música, bailas. A tu manera, dando botecitos, palmas y vueltas. Incluso intentas imitar lo que nosotros hacemos, o las coreografías de algunas canciones infantiles que ves en la tele. Además, cada día coges los post-its de la lista de la compra y “escribes” como loca. También te encanta buscar el cuaderno de DIN-A3 y que te demos un folio grande para pintar garabatos y pedirnos que te dibujemos peces y caracoles mientras te cantamos “peix, peixet” i “cargol treu banya”. A veces también quieres algún sol para el “sol, solet”, pero no tan a menudo. Otras veces solo quieres que nos sentemos a tu lado, que garabateemos contigo mientras tú nos cuentas cosas que por ahora no entendemos, pero que nos hacen muchísima gracia por tus caras y tus gestos.

Porque has empezado a hablar más allá de “mama”, “yaya”, “agua” y “mah”” (más). Aunque en general lo hagas en tu propio idioma, hace mes y medio, más o menos, empezaste a decir “papa”; hace tres o cuatro semanas que “sí” es “shi” o “shii” y el “no”, que se aventuraba “na” unos días después, esta semana ha acabado siendo “mo”. También has acuñado palabras del todo relevantes para tu pequeño gran mundo, como “allá”, “c’obo” (los cubos de la arena), “teix” (peix = pez), “bau” (blau = azul) para todos los colores, “mà”, “peu” i “na'” (mano, pie y nariz, respectivamente), o bien “sei” i “nai” (seis  y nine, nueve en inglés). Curioso me resulta a mí que digas tantas cosas en catalán, cuando en casa solemos hablar castellano, pero supongo que la guardería, las canciones infantiles y el hecho de que en catalán algunas de esas palabras sean más cortas o fáciles de pronunciar, ayudan.

¿Y qué decir de tu personalidad? Si tuviera que definirte en pocas palabras, volvería a hacerlo con las palabras que le dije a Eli, tu maestra de guardería, cuando me preguntó en la reunión de presentación (las mismas palabras que me dijo hace poco cuando volvimos a reunirnos): muy tranquila, pero muy activa. Nunca has sido un terremoto, salvo en momentos de emoción extrema, pero aunque desde fuera a veces no lo parezca, no paras quieta. Siempre estás haciendo algo, e incluso cuando no haces nada, observas muy atenta. Y en esos momentos me pregunto yo: ¿qué pasará por esa cabeza? ¿qué procesos mentales estarán ocurriendo? Preguntas a las que, obviamente, no obtengo respuesta.

También eres muy cariñosa. Te encanta abrazar, estar cerca de nosotros, nos buscas si te dejamos sola más tiempo del que para ti es necesario y cada vez lanzas más besos. Sin embargo, también recibimos gritos, miradas de desdén extremo y algún guantazo traicionero. Y es que tu carácter se está desarrollando, sigues siendo simpática, dulce, divertida, un poco pícara, pero también gruñona y cabezona cuando no te sales con la tuya.

No obstante, no podemos quejarnos, ya que esos momentos son los menos. Todos los que te conocen o te ven ni que sea un ratito, suelen decir lo mismo, “Qué niña más buena, qué bien se porta” y yo siempre contesto del mismo modo: “Sí, es muy tranquila, pero tiene su genio y sus momentos, ¿eh? Que es muy buena, pero es un bebé.” Entonces, siempre pienso dos cosas. Por una parte, mi voz de profesora, la aleccionadora, me recuerda que eso de “bueno” o “malo” no existe en los niños. Que etiquetar no es lo más correcto, aunque haya vuelto a hacerlo. Por otra, un pensamiento más profundo, más bonito hasta cierto punto, pero no por ello menos duro: “Ya no es tan bebé, de hecho, está dejando de serlo“.

Porque soy consciente de que a partir de ahora, el tiempo va a pasar más y más rápido, que antes de que nos demos cuenta pasará medio año más, y ya tendrás dos, luego dos y medio, luego tres… y hará tiempo que ya no eres un bebé, aunque seguramente nosotros sigamos viéndote así.

Así que poco más puedo añadir, salvo que sigas siendo como eres, con tus innumerables luces y tus pocas sombras, que sigas creciendo, que sigas observando todo con la fascinación y la paciencia que te caracterizan, que sigas buscando nuevas experiencias, nuevos retos, e intentando encontrar tus límites. Nosotros estaremos aquí para acompañarte, para recogerte si te caes, para lamer tus heridas si hace falta, y que continúes recorriendo este maravilloso camino.

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