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Querido Godzilla (o los muñecos de apego)

logoheart_thumb3¡Buenas ,familias gatunas!

Hoy vengo a presentaros a un miembro de la familia que quizás conozcáis ya si seguís mi cuenta de Instagram: Godzilla.

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Primer encuentro

Como podéis ver en la imagen, Godzilla es nada más y nada menos que un peluche monísimo conforma de conejo. Por si alguien siente curiosidad, lo bautizamos con ese nombre porque estando embarazada de Minina, Papagato, las hijas de unos amigos y  una servidora empezamos a pensar posibles nombres de niña con cada letra del abecedario. Como podréis suponer, salieron nombres muy bonitos y serios, pero salieron otros no tan serios como, por ejemplo, “G de Godzilla”. A las jovenzuelas les hizo tanta gracia la ocurrencia que el nombre de Godzilla aparecía en nuestras conversaciones siempre que nos veíamos. Después, al nacer Minina, nos regalaron este peluche taaaaan “cuqui”, de forma que encontrar un nombre con el que bautizarlo fue algo fácil.

Y aunque Godzilla sea un peluche precioso con nombre muy gracioso (y sin haberme percatado me ha salido un pareado 😉 ), os lo he presentado como “miembro de la familia” porque para Natalia es algo más, es su muñeco de apego por excelencia, que es de lo que quería hablaros hoy, así que allá vamos 🙂 .

Un muñeco de apego es aquel juguete con el que los mininos desarrollan un vínculo emocional muy fuerte, de forma que se acaba convirtiendo en un amigo o compañero, dándoles sensación de acompañamiento y protección.

Este tipo de objetos cumplen una función psicológica muy importante, ya que ayudan al niño en la etapa que pasa de la dependencia total de la madre (cuando se creen que son uno con ella) a la adquisición de mayor autonomía; por eso también se le llaman objetos transicionales. Los bebés suelen adoptar un objeto de apego hacia el séptimo u octavo mes, cuando empiezan a entender que son seres independientes de la madre. En un primer lugar, con él a su lado se sienten más seguros, con lo que toleran mejor la separación.

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La ovejita que llevamos a la guardería como apoyo

Con el tiempo, hacia el año y medio o los dos años, los mininos se vuelven más conscientes y el objeto va ganando valor, con lo que también les genera consuelo cuando están angustiados, se sienten mal o se tienen que desenvolver en entornos o con personas desconocidas para ellos. Minina, por ejemplo, lo busca cuando está cansada o enferma. Y aunque no lo llevó a la guardería porque nos daba miedo que se perdiera o estropeara, dejamos un peluche de oveja con el que a veces también jugaba y que tenía exactamente el mismo tacto. A partir de ese día, las maestras dijeron que le había ayudado mucho y se había mostrado más tranquila. Pero volviendo a Godzilla, también lo usa para “normalizar” o practicar situaciones de su vida diaria. Por ejemplo, a veces le pone el chupete si ella está muy cansada, o cuando tenemos que ponerle colirio o hacerle irrigaciones nasales, Godzilla recibe las mismas atenciones por parte de ella.

Esta etapa y este vínculo con el objeto transicional suele durar hacia los tres o cuatro años, cuando son más independientes, se sienten más seguros y, poco a poco, el objeto va perdiendo protagonismo, aunque siga siendo uno de sus peluches de infancia más queridos y del que atesorará muy bonitos recuerdos. Sin embargo, hay niños que lo siguen usando durante más tiempo o sólo durante épocas determinadas (si van de viaje, sólo cuando están enfermos, si hay algo que les inquieta, etc.).

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Siesta veraniega del 2016

En nuestro caso, la decisión de que Godzilla se convirtiera en su muñeco de apego fue un poco “dirigida” por nuestra parte. No porque le obligáramos, sino porque Godzilla fue de los primeros peluches que tuvo y, entre ellos, fue el que más le gustó ya que reunía las características para que así fuera: suave, blando, con buen olor, de calidad y (algo importante para nosotros) sin botones u ojos de plástico peligrosos. Al ver que a ella le gustaba tanto, “promovimos” su relación dándoselo mucho para que lo tocara y lo abrazara, de forma que acabó generando un vínculo afectivo muy fuerte con él.

Sin embargo, aunque haya dicho que fue una decisión “dirigida”, también le ofrecimos otras opciones a las que no les hizo caso. Y es que  cada niño escoge cuál es su objeto de apego independientemente de que sea más o menos bonito o llamativo. De hecho, ni siquiera tiene por qué ser un muñeco. Todas recordaréis a Linus, el amigo de Charlie Brown que siempre iba enganchado a su “mantita”; yo misma necesité a mi “almohadita” (la almohada que había tenido en la cuna de bebé) para dormir durante mucho tiempo, hasta el punto que no podíamos irnos de viaje al pueblo sin ella;  otras veces puede ser una prenda de ropa de la madre…

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Manta de apego hecha por una servidora 🐱

Ahora, por ejemplo, se ven mucho las mantas de apego, esas mantitas pequeñas y muy suaves, que tienen en una esquina o en el centro una cabecita de animal de peluche y, a veces, hasta extremidades. Para usarlas, se recomienda lavarlas y que la mamagata en cuestión duerma unas noches con ella para que se impregne de su olor. Así, a la hora de dormir se le puede colocar al bebé cerca para que nos huela y se sienta más tranquilo y seguro. Si el bebé se acostumbra a ella, seguramente la seguirá usando tiempo después no sólo para dormir, sino para consolarse y sentirse más seguro. La idea es genial y por eso es algo que toda futura familia gatuna acaba comprando o recibiendo como regalo, aunque he de decir que a nosotros nos regalaron una, pero Minia la usaba sólo para jugar, cuando quiere dormir o cuando llora quiere a Godzilla.

Dicho todo esto, me gustaría matizar algo por si a alguien le surge la duda: aunque el objeto de apego es muy importante, no todos los niños tienen ni necesitan uno. Igual que hay niños que tienen amigos imaginarios y otros no, igual que cada niño tiene gustos diferentes, cada minino tiene un proceso emocional distinto, de modo que hay niños con esta necesidad emocional mientras otros niños no la tienen. También hay niños para los que en lugar de ser un objeto, se trata de una acción, algo que los calma o los relaja como, por ejemplo, tocarse el pelo, hacerse cosquillas, cantar una canción o melodía antes de dormirse…

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Otra siesta veraniega del 2016

Y creo que poco más os puedo contar de forma que, para terminar, os dejo las que a mí me parecen las características esenciales de un peluche u objeto de apego:

  1. Como ya he dicho, puede ser un peluche, una manta, una prenda de ropa, etc. pero siempre será un objeto escogido por el minino.
  2. Sea lo que sea, tienden a ser suaves, pues los bebés tienen la necesidad innata, el instinto, de buscar objetos suaves y cálidos para sentirse protegidos.
  3. Para ellos es más que un muñeco. Es un amigo, un acompañante, un “sustituto de los padres” en algunos momentos, con lo que es importante que no se pierda.
  4. Por eso hay niños que solo lo necesitan en momentos determinados, pero también hay otros que lo llevan a todas partes y necesitan tenerlos siempre a la vista. Sea como sea, será compañero de cuna, de cama, de paseo, de vacaciones…
  5. Y por eso también, aunque esté viejo y destrozado, será irremplazable. Si compramos otro nuevo igual o queremos sustituirlo, el niño no lo aceptará. A no ser, claro está, que sea él o ella quien decida cambiar de objeto de apego.
  6. Acaban adquiriendo un olor especial (por el contacto y uso constante) que el niño identifica y relaciona con él. Teniendo esto en cuenta, conviene lavarlo lo menos posible y, si nos ve nuestro minino, que vea que lo hacemos con cuidado;  de lo contrario podría sentir que le estamos “haciendo daño”. De hecho, dependiendo de la edad del niño, puede ser una buena idea que sea él quien le “de un baño”.
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Godzilla ofreciendo consuelo a una Minina pachuchilla, invierno 2017.

¿Y vuestros peques tienen un muñeco u objeto de apego? ¿Cómo se llama? ¿Cómo es? Sabéis que me encantará leer vuestros comentarios. Y antes de terminar, aprovecho para despedirme durante unos días, que estamos en Semana Santa y en Villa Felina queremos aprovechar para descansar, jugar y cargar un poco las pilas…

¡Nos leemos en breve! 🐱

 

 

 

5 comentarios sobre “Querido Godzilla (o los muñecos de apego)

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