Mamagataflexiones · Reflexiones gatunas

8 (+1) cosas que he aprendido este año (2)

logoheart_thumb3¡Buenas, familias gatunas!

Hace un par de días, empecé el listado de los aprendizajes mamagatunos que he hecho este año, ¿recordáis? Para haceros un pequeño mini-resumen, hablé sobre el baile autónomo de las hormonas, la sabiduría de la naturaleza con respecto a las enfermedades y el sueño, la capacidad expansiva de la paciencia y la facilidad que tenemos para olvidarnos de nosotras mismas.

Pero, como bien indica el título de este nuevo post, faltaban los cuatro últimos, así que ¡allá vamos!

Retomando donde lo dejamos, cuando una pasa a ser Mamagata, es muy fácil acabar olvidándose de una misma. Sin embargo, es muy importante buscar momentos de vez en cuando para “reencontarse” y, muy importante también, tenemos que tener claro el punto número 5 de esta lista:

5. Una no puede encargarse de todo.

Tanto mi experiencia, como la de amigas Mamagatas con las que he ido hablando a lo largo del tiempo, viene a ser la misma: nosotras tendemos a cargarnos de toda la faena que podemos, y no debería ser así. Y eso debemos tenerlo en mente nosotras y los papagatos. Porque salvo que seamos una familia monoparental, ser padres es cosa de dos. E incluso cuando se es una familia monoparental, no somos máquinas incansables de engranajes perfectos. Permitir que sólo un progenitor cargue con todo lo relacionado con el cuidado de los niños no es justo, ni bueno para ese progenitor, ni para el bebé, ni siquiera para la tercera parte de este triángulo familiar. De la misma forma, he conocido casos en que la mamagata acaparaba el cuidado de su minino sin apenas dejar que el papagato interviniera en el proceso (de forma inconsciente y siempre pensado en lo mejor para el retoño), pero eso tampoco es bueno.

Aunque al principio nuestra sensación con respecto a la responsabilidad que tenemos como mamagatas pueda ser mayor por el hecho de dar el pecho al bebé, por nuestros permiso de maternidad, porque nosotras no trabajemos durante un tiempo y tengamos más “tiempo libre”, el cuidado y la crianza de un niño debe ser una tarea compartida. Además, necesitar ayuda es lo más normal del mundo, y pedirla también lo es.

6. Tener sentimiento de culpa (por lo que sea) es muy fácil

Por no dar a basto, por haber tardado en despertarte cuando lloraba, por necesitar un respiro, por haberte olvidado de algo, por haber perdido los nervios, por haberle hablado mal sin querer, por querer quedar con tus amig@s, por querer recuperar un poco de tu espacio, por no ser lo suficientemente perfecta… he llegado a la conclusión de que el sentimiento de culpa es intrínseco a la maternidad. Y creo que es normal, hasta natural. Queremos lo mejor para nuestros mininos, y queremos ser la mejor versión de nosotras mismas. La mamá perfecta. A veces lo logramos, pero a veces no. Y no pasa nada.

Como le dije hace un tiempo a una buena amiga: para tu Minin@ eres la mamá perfecta porque eres su madre. Y la perfección no existe, lo importante es intentarlo, ser autocríticos e intentar mejorar en aquello que fallemos o podamos hacerlo, eso sí, sin autofustigarnos. El mundo es lo suficientemente complicado y la vida demasiado corta como para complicárnosla más nosotros mismos.

7. Siempre habrá alguien dispuesto a darte su opinión,  juzgarte o darte consejos

Si das pecho. Si no lo das. Si haces colecho. Si no lo haces. Si haces BLW. Si optas por las papillas… estamos en España, el país de la opinión, la pidas o no. El país de “consejos vendo, para mí no tengo”, entre otras cosas.

Hay quien lo tolera relativamente bien, pero yo que siempre sido de “cada uno que haga lo que quiera con su vida, mientras no perjudique a otros”, pues como que no. Y más de una vez me he visto intentando justificarme porque Minina sigue durmiendo con nosotros, o porque le sigo dando pecho cuando ya tiene más de un año…  y luego siempre pienso lo mismo: “no debería perder el tiempo”. Ante un: “¿Todavía le das pecho?” o un “¿Aún duerme con vosotros?” Un: “Sí, ¿y?”. Sería la mejor opción. Pero como cuando se actúa así acaba una con fama de borde… nunca ha sido mi respuesta (aunque no por falta de ganas).

Y lo mismo sucede con los consejos. Por una parte a veces son de agradecer, siempre se puede aprender de la experiencia de otras personas, cuatro ojos ven más de dos y a veces hay cosas que uno no sabe, o que uno no ve en un momento dado. Pero también es cierto que hay veces que los consejos no caen tan bien. Sobre todo cuando te los dan sin que tú los pidas, cuando exceden lo que tú consideras “los límites”, cuando no los hacen de buenas formas, o bien cuando el consejo no llega en el momento adecuado.

Sea como sea, hay que intentar partir de la base de que la intención siempre es buena, que no hay maldad ninguna y no tomárselo muy a la tremenda. Para ser sincera, yo misma he dado más de uno sin que me lo pidieran (¡aunque cada vez lo hago menos!) y nunca he tenido otra intención que no fuera ayudar. Aunque a mí a veces me cuesta oír lo que no me apetece, y muchas otras se me nota aunque intente disimularlo… Que, como todos sabemos, en algunos casos de la teoría a la práctica hay un buen cacho, jaja.

8. Siempre habrá alguien dispuesto a ayudar

Familiares, amigos, compañeros… Siempre (o casi siempre) hay alguien dispuesto a echar un cable cuando lo necesitamos. A veces son ayudas que damos por sentadas, pero  a veces vienen de personas en las que no hubiéramos pensado en un primer momento.

Y aunque hable más desde la teoría que desde la experiencia propia porque esto es algo que también me cuesta bastante, dejarse ayudar es necesario y bueno. Porque, como ya había dicho antes, para que nuestros mininos estén bien, nosotros debemos estarlo primero. No somos máquinas enchufadas a la corriente, necesitamos descansar, necesitamos desconectar, necesitamos cuidarnos y que nos cuiden también porque, aunque seamos madres, seguimos siendo humanas.

8+1. Nadie sabe lo que significa ser madre hasta que lo es

Sí, amigos y amigas. Parece obvio, ¿verdad? De hecho me había olvidado de este aprendizaje hasta que he entrado un momento al ordenador para echar un último vistazo al post. Por mucho que te lo cuenten, por mucho que intentes hacerte a la idea o imaginártelo, la maternidad es algo que no se comprende hasta que se experimenta. Y lo digo tanto en el buen sentido, como en el malo.

¿En el malo? Sí. En el malo. En la falta de tiempo, en tener la sensación de que no llegas a nada. En que en una mañana sólo te de tiempo a hacer aquello que antes hacías en una hora o dos a lo sumo (discusión típica de familias primerizas, por cierto: “¿Sólo has hecho lo-que-sea? Si llevas toda la mañana en casa” “Sí, TODA la mañana CON UN BEBÉ de x semanas, corazón, que no tiene nada que ver con toda una mañana sola“, ¿os suena? jeje). En la sensación, a veces, de que te has perdido en alguna parte; de que ya no eres tú, sino “la madre de”. En la sensación de que necesitas tiempo para ti y tus cosas. En la mala conciencia por tener estos sentimientos…

Y por supuesto en el bueno. Escuché una vez en una película o en una serie, ahora no recuerdo, algo así como “nunca supe lo que era el amor verdadero hasta que te tuve a ti”. Y creo que es verdad. El amor incondicional, el deseo de autosuperación continuo, de ser mejor persona, de intentar ser mejor madre, la generosidad plena como nunca antes la habías sentido, lo que cuesta recordar cómo era la vida “antes de…” como si nunca hubiera existido, las miradas, las sonrisas, los abrazos, los besos o los cocos en el caso de Villa Felina. Todo eso adquiere un valor diferente cuando una es madre e imaginárselo no tiene nada que ver con experimentarlo.

Y como siempre me pasa cuando me pongo en modo ñoño, me he quedado bloqueada y sin saber qué más decir. Aunque creo que con lo escrito hasta ahora, es más que suficiente. Estoy segura de que con el tiempo se me irán ocurriendo más cosas que haya aprendido, pero estas son las más importantes, así que iré apuntándolas en alguna parte por si seguimos por aquí el año que viene, con ganas de hacer un nuevo inventario ;).

¿Y vosotras? Tenéis algún “descubrimiento” mamagatuno que compartir? Como ya sabéis, estaré encantada de leerlo si me dejáis algún comentario.

Por si mañana no me da tiempo a hacerlo, aprovecho ya para desearos que despidáis este 2016 de la mejor manera posible y que tengáis una muy buena entrada de año.  ¡Besos y abrazos Mamagatunos!  🐱

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