Mamagataflexiones · Reflexiones gatunas

33, o la importancia del momento

logoheart_thumb3Me hago mayor… treinta y tres años. Para algunos serán muchos, para otros serán pocos, y para mí son los que tocan, ni más ni menos.

Treinta y tres años y  un bebé de casi trece meses. Y me siento mayor. No en el sentido de “vieja” ni mucho menos, sino que de pequeña siempre pensé que sería madre más joven. Recuerdo ser adolescente y decir que con unos veintitrés años me iría de casa, y con unos veinticinco o veintiséis a lo sumo tendría mi primer retoño. Supongo que porque el ejemplo más cercano que tenía era mi madre, porque no era consciente de que eran otros tiempos, ni sabía lo que iba a seguir cambiando el panorama general con respecto a la maternidad… y a la vista está que la realidad ha sido muy diferente.

Porque cuando cumplí veintitrés años había acabado la carrera un año antes, y ese curso había terminado un máster de enseñanza de inglés y otro de traducción. Porque ahí seguía, en casa de mis padres, apuntada a la lista de sustitutos del departamento de educación y enviando currículos a empresas de traducción a la espera de que me llamaran de alguna parte. Luego, empecé a traducir como autónoma de forma exclusiva durante unos meses; en diciembre de 2007 lo pude combinar con mi primera sustitución, que duró hasta acabado el curso; después conseguí una media jornada al curso siguiente, cuando la faena de traducción pasó a ser inexistente para mí y, por lo tanto, decidí aprovechar para prepararme las oposiciones… y desde entonces hasta que por fin nos decidimos a ser padres pasaron unos cuantos años más. Primero, porque quisimos irnos a vivir juntos de alquiler y probar cómo iba la convivencia, luego porque antes de tener mininos queríamos comprar piso y, después, porque durante un par de años más no fue el momento. No por nada en especial, sino porque teníamos otras prioridades, como poder hacer algún viaje fuera de Europa, por ejemplo.

Y es que el momento es clave. Hubo un año en que para Papagato ya había llegado, pero para mí no, y tuvimos una conversación que me resultó bastante dura: “Sé que dijimos de intentarlo ya, pero me muero de ganas de subir con los alumnos de tercero a cuarto, quiero irme con ellos de viaje de fin de curso, ver su graduación, quiero irme de viaje con los compañeros de trabajo una vez más, quiero que nosotros también hagamos un último gran viaje… Sé que si ahora me quedo embarazada, me sabrá mal no poder hacer esas cosas.  Y si es así, si mi primera prioridad no es tener un bebé, es que para mí no ha llegado la hora“.

Papagato lo comprendió, y esperamos un año más. Nos pegamos otro buen viaje ese verano, yo disfruté y sufrí de mi cuarto de la ESO a partes iguales, hice un último viaje con mis compañeros y también me fui a Italia con mis alumnos. ¿Y qué pasó al curso siguiente? Que todo lo que el año anterior me había echado para atrás, me dio exactamente igual.  Mis compañeros se fueron de viaje sin mí, y yo encantada. Mis alumnos también salieron, y para mí perfecto. Nuestras vacaciones fueron mucho más caseras (y con barrigón  de 6 meses) y me resultaron maravillosas. Porque para mí el momento había llegado. Porque mis prioridades eran otras, porque sentía “la llamada de la naturaleza”, porque ya no me importaba nada de eso. Porque quería ser madre.

Así que esa es mi reflexión en un día como hoy. Quizás suene a tontería pero no lo es. Tengo amigas que han sido madres más jóvenes, tengo otras que lo han sido más tarde, otras que aún no quieren serlo y otras que no saben si lo serán o no algún día. Y todo es respetable, todo es genial, porque ha sido, es o será su decisión. Sólo ellas saben si les llegó, les ha llegado o les llegará el momento y no somos nadie para juzgar a los demás y las decisiones que tomen, siempre que lo hagan de forma consciente y desde el amor.

Treinta y tres años. “La edad de Cristo”, que suele decirse en broma. Treinta y tres y un bebé de un año. Para los tiempos que corren, madre relativamente joven; para algunas personas, quizás, un poco mayor para que Minina sea “la primera”. Pero para nosotros, para mí, la edad perfecta. Porque si Minina hubiera llegado en otro momento, las circunstancias hubieran sido otras, con lo que yo hubiera sido otro tipo de madre y, quizás esté mal lo que voy a decir, pero a pesar de mis defectos y errores, me gusta ser la Mamagata que intento ser ahora, y me gusta aún más la Mamagata en la que pretendo convertirme con el tiempo.  ❤ 🐱

2 comentarios sobre “33, o la importancia del momento

  1. Felicidades de nuevo, en primer lugar por tu maravillosa edad, en segundo por ser como eres y por como quieres seguir siendo, para continuar por tu maravillosa minina, esa que sabes me tiene robado el corazón y para ir acabando porque la maternidad te ha dado y te dará infinidad de cosas por haber tenido la sabiduría de saber cuál era el momento perfecto para serlo. Aaahh y Fe li ci da des por tu reflexión plasmada en un ” papel”. Bona nit

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