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Con patatas, por favor…

O cinco cosas que pensaba antes de ser madre y que me he tenido que tragar una a una:

logoheart_thumb3Es cierto que el mundo te cambia cuando te conviertes en madre… o incluso antes, cuando sabes que vas a serlo. Y es que dejas de ser sólo tú para convertirte alguien que tiene a cargo a otra personita que, durante mucho tiempo, va a depender plenamente de ti.

He de decir que, en mi caso, no sólo cambió mi mundo, sino mi percepción de la vida y de lo que que era ser madre. Y es que es muy fácil tanto hacerse ideas preconcebidas como juzgar a otros cuando no estás en su lugar. Pero cuando se trató de mí y de Minina empecé a plantearme cosas que siempre había dado por sentadas, leí, me informé y, más importante si cabe, escuché a mi instinto de Mamagata.

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A lo largo de este tiempo, más de una vez me he tenido que comer mis propias palabras (como suele decirse coloquialmente), y estas son las más destacadas:

1. Los niños tienen que dormir en su cuna y en su cuarto.

Recuerdo que, cuando compramos el piso, me gustó que nuestro dormitorio fuera lo suficientemente grande como para poner una cuna. Siempre dando por sentado que Minina dormiría en su cuna y que, en poco tiempo, la cambiaríamos a su cuarto porque era “lo normal”.

Pues Minina tiene un año y sigue durmiendo con nosotros. Su cuna está pegada a la nuestra, pero muchas veces, si no se encuentra bien, si está inquieta o si simplemente se despierta por la noche y no se vuelve a dormir, acaba en nuestra cama. Y quizás nosotros descansemos menos, pero ella duerme mejor así porque se siente más cobijada y segura que si durmiera sola y, si se despierta por la noche, la podemos atender de forma casi inmediata.

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Imagen de Katie m. Berggren

Es más, me gusta dormir con ella. Me noto más tensa, me muevo menos, pero me encanta sentirla cerca. Oír cómo respira. Sentir cómo a veces, si me pongo de espaldas a ella para tener algo más de espacio, se acurruca contra mí, buscándome. Y pienso en que esto no durará siempre, que tarde o temprano se irá a su cuarto y no querrá dormir con nosotros. Entonces, echaré de menos estos momentos y no quiero arrepentirme por no haberlos aprovechado lo suficiente. En realidad no sé hasta cuándo dormiremos así, ni si será ella quien decida irse o la ayudaremos a decircilo (en esto en casa no nos ponemos de acuerdo)… pero lo que sí tengo claro es que ningún niño quiere dormir con sus padres eternamente, con lo que por ahora sólo pienso en disfrutar de estos maravillosos momentos y en que ella esté bien.

Por otra parte, no entiendo porqué es normal que dos adultos completamente autónomos duerman juntos, pero se vea extraño si duermen con su hijo, un ser dependiente. De hecho, en otras sociedades como Japón, los hijos duermen con sus padres hasta los 4 o 5 años… Pero lo más importante es que es nuestra decisión, y simple y llanamente es lo que ahora mismo nos hace sentir bien con respecto al sueño de Minina.

2. ¿Y le sigue dando pecho, con lo mayor que es?

No es que tuviera una idea preconcebida sobre cuándo se debe dejar de amamantar, pero me sorprendía ver a niños de más de un año tomando pecho, me parecían mayores.

Sin embargo, Minina sigue con lactancia a demanda (además de alimentos sólidos) y creo que, visto lo visto, lo seguirá mientras ella quiera. Y no es algo que me propusiera desde el principio. Yo sólo sabía que, si podía, prefería darle pecho. Después, decidí amamantarla al menos hasta los seis meses, el tiempo que la OMS recomienda lactancia exclusiva. Pasado ese tiempo pensé que, llegadas a ese punto, prefería esperar hasta el año, cuando ya podría tomar leche de vaca normal. Y ahora me da pena destetarla.

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Imagen de Katie m. Berggren

Y es que dar el pecho no sólo es alimentar, es dar cobijo y consuelo, es crear un vínculo especial con tu pequeño. He de decir, también, que el proceso de ahora nada tiene que ver con el del principio. Cuando era más pequeña, para ella todo era puro instinto. Pero desde hace unos meses, su demanda se ha convertido en una búsqueda consciente no sólo por hambre, sino porque está cansada o nerviosa y quiere relajarse, o porque necesita sentirme cerca, porque quizás ese día no hemos estado tan juntas, porque no se encuentra bien y así se siente aliviada… o quizás por algún motivo que sólo ella sepa y a mí se me escape.

Leí un artículo hace tiempo, además, en el que se explicaba la leche materna se modifica según el estado del bebé para adaptarse a sus necesidades. Al parecer, cuando un bebé está enfermo, su composición inmunológica varía para crear anticuerpos concretos y, así ayudarle a compartir la enfermedad. Y este es un hecho que me hace persistir en mi convencimiento de seguir dándole pecho, al menos durante un tiempo más.

3. Los niños no pueden estar siempre en brazos o se malacostumbran.

Esta idea la descarté hace tiempo, pero cuando me convertí en Mamagata fue cuando descubrí que no tenía sentido ninguno. Y es que los mininos no se malacostumbran a los brazos, los necesitan. Somos seres sociales, afectivos, y nacemos siendo completamente indefensos, sin estar preparados para nada, salvo para que nos cuiden… Al fin y al cabo no somos más que simios evolucionados, y estos llevan a cuestas a sus crías hasta que van ganando independencia. A mí me parece que se nos olvida de dónde venimos; en sociedades no tan “desarrolladas” y más tradicionales que la nuestra, las madres portean constantemente a sus bebés porque es “lo natural”.

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Imagen de Katie m. Berggren

Está demostrado, además, que los bebés prematuros o con enfermedades mejoran antes si se les permite estar en contacto con sus padres porque es vital para ellos, para sentirse completos, para sentirse seguros, para saber que los protegen y que no han sido abandonados. Del mismo modo, conforme crecen, los pequeños entienden dicho contacto como la muestra de afecto, y no hay mayor contacto para un niño que el hecho de que te cojan en brazos y te abracen.

También existe la creencia de que “tanto brazo” hace que no sean independientes, pero es todo lo contrario. Un niño que se siente querido y no ignorado tiene el autoestima más alta con lo que, a la larga, se verá más capaz de hacer cosas, de intentar y equivocarse, porque tendrá la seguridad de que sus padres estarán allí siempre que los necesite.

Independientemente de todo esto, está lo que yo siento. Y si mi niña llora, el cuerpo me pide que la coja. Si me mira y me pide brazos, me pasa lo mismo. Obviamente, hay momentos en los que no es posible cogerla y tiene que esperarse, pero intentamos que sean los menos.

 

4. Dejar llorar es bueno

Da igual que tengan semanas o meses. Hay que dejarlos llorar o  se convierten en tiranos… Pues ahora no lo veo así. Quizá suceda cuando son más mayores (y porque se les ha dirigido a ello de forma inconsciente), pero los bebés tienen muy pocas formas de expresarse, y una de ellas es el llanto, que simplemente significa “para mí algo va mal”. Ese “algo va mal” puede ser tengo hambre, me duele la tripa, tengo sueño, necesito contacto, estoy frustrado… y nosotros debemos tratar de entender cuál es la necesidad del pequeño para decidir qué hacemos.

Y digo decidir qué hacemos, porque sí que es cierto que quizá el minino llore porque quiere algo que no le podemos dejar, o bien porque no le permitimos hacer algo peligroso. En estos casos, hay que buscar la mejor forma de gestionarlo para que se tranquilice.

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Imagen de Katie m Berggren

Además, está demostrado que los bebés muy pequeños a veces dejan de llorar no porque se calmen, sino porque acaban entendiendo que nadie va a ir a ayudarles. Sin embargo, su nivel de estrés no disminuye, con lo que dejarles llorar mucho puede implicar problemas mayores.

Al igual que en el caso de cogerlos en brazos, un niño consolado y tranquilizado cuando lo necesita es un niño que se siente apoyado, lo que a la larga repercute en su autoestima. Por otra parte, también es verdad que hay niños más mayores que lloran por rabietas, por llamar la atención o por otros motivos. Pero siempre hay que intentar entender qué es lo que le está pasando al niño para actuar de la forma que consideremos adecuada.

5. Un guantazo a tiempo nunca viene mal

Si queremos educar desde el respeto y la igualdad, la base es no imponerse, no sentirse superior ni más que nuestros hijos. Ejercer la violencia, ya sea física o verbal, es establecer una situación de abuso de poder. Si hay algo que no toleramos entre adultos, o que no aceptaríamos que nos hicieran a nosotros, no hay nada que justifique que se le pueda hacer a un niño. Además, muchas veces una agresión del tipo que sea tiene más que ver con nuestra frustración ante la situación dada (y/o nuestra incapacidad de gestionarla) que con lo que haya podido hacer el pequeño.

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Imegen de Katie m Berggren

Obviamente, esto no implica que en casa no tenga que haber disciplina, que no deba haber normas y que el niño pueda hacer todo lo que quiere, sino que hay que conseguirlo de otras formas, mediante el diálogo, mediante el ejemplo, mediante explicaciones, mediante nuestra propia tranquilidad. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero si queremos que nuestros mininos sean seres tolerantes y respetuosos, debemos empezar por respetarlos a ellos.

Y la verdad, Minina todavía apenas tiene un año, soy muy consciente de que los verdaderos “problemas” no han comenzado, y tampoco sé si sabré gestionarlo bien ni sabría deciros cómo hacerlo. Pero hay conferencias y libros que hablan sobre la “disciplina positiva”, cómo crear disciplina sin necesidad de lágrimas y cómo funciona el cerebro de nuestros peques, que voy leyendo poco a poco pare sentirme preparada y tener más herramientas de las que tengo ahora cuando llegue el momento.

Y creo que con esto se acaba mi mini-lista que ha dado pie a un post mucho más largo de lo que yo esperaba en un principio. Sin embargo, antes de terminar me gustaría aclarar una cosa: estas son mis opiniones sobre cómo ha cambiado mi visión de la maternidad. En ellas no hay ninguna intención de juzgar a quien opine o actúe con sus hijos de modo diferente. Por poner un ejemplo, conozco a Mamagatas que han decidido no dar el pecho y otras que han dejado de hacerlo llegado un momento porque sus motivos tenían (muy diversos, además), y a mí me ha parecido perfecto. Ha sido su decisión y siempre parto de la base de que todas las madres actuamos pensando en qué es mejor para nuestros hijos. Por eso, espero que nadie se sienta ofendido por mis palabras, me sabría muy mal.

Para terminar, si este texto os ha interesado u os habéis sentido identificadas, os recomiendo este post del blog Tigriteando. Sólo puedo decir que, cuando lo leí, la comprendí perfectamente aunque en algunos aspectos no tengamos las mismas ideas. Y si no lo conocíais (cosa que dudo), os recomiendo el blog ya que tiene propuestas e ideas muy interesantes para trabajar con los mininos y para trabajar, también, nuestra relación con ellos.

¿Y a ti la maternidad te ha cambiado la forma de ver las cosas? ¿Has tenido que comerte tus propias palabras o siempre tuviste claro el tipo de madre que querías ser? ¡Estaré encantada de leerte en los comentarios! 🐱

7 comentarios sobre “Con patatas, por favor…

  1. Da gusto leerte!!! La verdad es que no soy madre y no puedo ponerme en tu lugar pero se nota el amor por todas partes. Que suerte tiene Minina de tenerte como madre. Un abrazo y sigue así! Quizás algún día te lea desde otro punto de vista…

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    1. Jajajaja en realidad son muchás más de 5… “Yo nuna le dejaré mi monedero. Nunca compraré potitos. Nunca le dejaré moder mis llaves. Nunca le hablaré pronunciando mal… ad infinitum xD”. Y creo que es normal, una cosa es imaginarse qué es ser madre, y otra empezar a serlo!

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  2. Un encanto leerte, saberte tan ilusionada y llena de amor para con tu minina. Tu busqueda y inquietud constante por seguir creciendo como persona y como madre me recuerda mucho a alguien que conozco bien . Esa felicidad que sientes en tu ” trabajo creativo de madre” forma una minina segura en tantos aspectos…, no lo dudes nunca.
    La humanidad necesita esos seres felices, seguros y magnificamente cuidados.
    Me encantaría tenerla de alumna… me jubilaré antes, creo .
    Hasta pronto y hasta siempre.
    No dejes tu blog, me ha encantado este super post.
    Muakkks

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    1. ¡No tengo perdón por no haber contestado antes!
      Muchísimas gracias, me emocioné mucho al leerlo. Aunque seguramente tú no lo recuerdes, una vez en una salida del centro me estuviste hablando de cómo habías educado a tu hijo en el diálogo, el razonamiento, entre otras cosas… y es algo que he tenido muy presente desde entonces y sobre todo, desde que la peque está en casa. Y me alegro de estar rodeada de modelos inspiradores como tú, tanto a nivel personal como laboral… y lo digo de corazón. 🐱
      Gracias de nuevo, Mar, Mamagata y Profegata donde las haya ❤

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