Experiencias · Vivencias gatunas

Adaptación a la guardería

logoheart_thumb3¡Hola Mamagatas!

Seguramente este sea uno de los posts más controvertidos hasta ahora, y es que yo misma me siento con el corazón partido con respecto al hecho de que Minina tenga que ir a la guardería.

3_4Por una parte, creo que es algo positivo para ella, puesto que en la guardería está con otros niños, aprenderá a socializar, a estar con otras personas, hará actividades y juegos diferentes a los que hacemos en casa, de forma que experimentará otros tipos de estimulación. Por otra, me da mucha pena. Sentía, y siento, que es muy pequeña para separarla de mí. Mi instinto de madre me dice que debería estar conmigo, que en casa juega mucho, que también vamos a un espacio familiar con muchos juguetes para bebés dos o tres veces por semana, que no sé qué autonomía puede ganar cuando está a punto de cumplir un año… Y entonces vuelvo al ruedo de los aspectos positivos de una guardería, para retornar más tarde a mis dudas y temores.

Si embargo, estas contradicciones no tienen mucho sentido ya que básicamente no tenemos otro remedio. En breve me incorporo al trabajo… y además tengo la sensación de que debo sentirme “afortunada”por haber podido atrasar este momento hasta los 11 meses, en vez de a los 4, 5 o 6 como en muchas familias gracias a un permiso similar a una excedencia por el mero hecho de trabajar donde trabajo. Y aún más afortunada porque puedo incorporarme a media jornada y, con la ayuda de los abuelos, sólo irá a la gua4_5rdería  de 9 A 12.

Así  que me propuse ser positiva y hacer caso a lo que una gran compañera de trabajo me dijo: en vez de pensar en “Guarderías”, es mejor que piense en su nombre en catalán “Llar d’infants” (Hogar de niños) o, mejor aún “Escola bressol” (Escuela cuna). No un lugar donde “guardan” o “vigilan” a los mininos, sino donde se pretende que estén como en su segundo hogar (aunque eso sea difícil), donde juegan mucho y, sobre todo, donde los cuidan.

Teniendo estas cosas en cuenta, era muy importante para mí saber que la guardería nos permitiera hacer una adaptación que respetara el ritmo de Minina, donde no tuviera que empezar sola y con las tres horas de golpe. Quería, también, un sitio donde básicamente jugaran usando materiales diferentes, cosas de la vida diaria y juguetes para niños y donde manipularan mucho. Quizás esto suene obvio, pero conozco guarderías donde desde P1 venden libros o carpetas con fichas de trabajo y yo, personalmente, no lo entiendo. Considero que los niños a esa edad tienen que jugar, cantar, bailar y volver a jugar, tocar, probar y jugar más…

Así que, tras las puertas abiertas a las que asistimos el curso pasado, teníamos claro que preferíamos una guardería pública donde, además, los terrenos son del ayuntamiento, con lo que los patios son “de verdad”, abiertos, soleados y con mucha tierra, en contraposición a las guarderías concertadas de la zona, que son locales ubicados en bajos con terraza (sin ánimo de ofender a nadie, cada familia valora aspectos diferentes y, además, los horarios de las guarderías públicas son mucho más limitados). Por suerte para nosotros, ha podido ser así.

2_4Pero volvamos al tema del comienzo de la guardería. Antes de que iniciara su asistencia, nos reunimos una vez con la directora para acabar de entregar papeles y que nos hablara un poco de cómo funcionaba y otra con la tutora para hablar de Minina, de la clase en la que estaría  y de cómo haríamos la adaptación.

Empezamos un miércoles, después del puente de principios de noviembre. El primer día estuvimos las dos en clase una hora y fue muy bien, estuvo tranquila y jugando todo el rato. Al día siguiente, me fui media hora y Minina también se dedicó a jugar. El viernes aumentamos el tiempo sin mí media hora más y, aunque notó mi ausencia, estuvo tranquila. En casa estábamos un poco sorprendidos y nos alegraba que se lo tomara tan bien. Pero ya  me habían comentado que los niños entienden que algo nuevo no es casual y se está convirtiendo en rutina a partir del tercer día…  Con lo que el lunes empezó lo duro teniendo en cuenta que, además, estuvo el fin de semana en medio.

Ese día pasó una hora y media y estuvo llorando casi todo el rato, con lo que acordamos volver a acortar el tiempo a una hora. Aún así, el martes y el miércoles lo pasó muy mal. Por eso, hablamos con la maestra de la posibilidad de que llevara a clase un muñeco de casa al que le tiene cariño. Según nos dijeron, el peluchillo en cuestión obró milagros y, aunque siguió pidiendo brazos, estuvo mucho más calmada. El viernes, finalmente, emp1_3ezó estar de nuevo tranquila y a moverse un poco por el aula.

A pesar de la mejoría, seguimos con el mismo horario lunes, martes y miércoles de la semana siguiente, donde también siguió evolucionando poco a poco: el lunes ya estuvo ratitos sin pedir brazos, el martes empezó a jugar con juguetes de la clase y cuando fuimos a buscarla no lloraba y el miércoles estuvo bien en general, aunque la profesora me comentó que lo que más la descolocaba era el momento de salir al patio. Pero como dentro del aula ya estaba bien (salvo cuando la dejamos allí), decidimos alargar hasta las 11:45 (cuando abren puertas) para que no se acostumbrar a que la fuéramos a buscar cuando están en el patio. El jueves estuvo mejor y el viernes, como estaba cansada, al parecer lloró un poco.

La verdad es que aunque lo cuente de manera objetiva, no ha sido fácil. A nadie le gusta dejar a su hijo en un sitio llorando mientras te llama para que no lo “abandones”. Pero era algo que tenía que suceder, algo a lo que acostumbrarse y, como intento ser positiva, siempre he pensado que es mejor que llore y lo exprese estando allí, que en cuanto nos ve se consuele rápidamente y que en casa y con nosotros haya estado como si nada a casos que conozco de mininos que empiezan a dormir mal, a no comer, a estar más apagados o que lo sacan todo meses después y entonces se niegan a ir a la guardería y los padres no entienden por qué.

Lo que me 5_5ha gustado mucho de esta adaptación es que ha sido una adaptación real. Desde el centro han respetado el ritmo de Minina y, si ha hecho falta, hemos reculado y acortado el tiempo allí para que no sufiera tanto. Además, han sido sinceras con respecto a la adaptación y me consta que han estado muy pendientes de sus necesidades: ha habido días que se ha pasado el rato en brazos hasta que se ha ido soltando por voluntad propia. También es cierto que al incorporarse más tarde, los demás ya estaban adaptados y no ha tenido que ser una “acción en bloque”, con lo que ha podido ser mucho más personalizado que si se hubiera incorporado en septiembre.

Y en casa,  mucha paciencia y muchos mimos. Minina, por ejemplo, suele ir en carro tranquila, pero al salir de la guardería quiere brazos para sentirse cerca de nosotros y nosotros lo respetamos; o bien a caballito con Papagato o con mochila de porteo si he tenido que ir yo sola. También hemos vuelto a la siesta de antes de comer, algo comprensible porque entre levantarse antes y el estrés del cambio, cuando llega a casa está cansada y mientras toma pecho se quede dormida. Asimismo, hemos ampliado el número de tomas de pecho, dado que Minina necesita reafirmar el contacto y el vínculo que existe entre nosotras, como muy bien explica Carlos González en este este artículo que ya había compartido en Facebook.

¿Y vosotras? Lleváis a vuestros mininos a la guarde? ¿Cómo fue la adaptación? ¡Contadmelo en los comentarios que estaré encantada de leerlos! 🐱

2 comentarios sobre “Adaptación a la guardería

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s